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San Jer??nimo

San Jer??nimo

En Roma estudi?? lat??n bajo la direcci??n del m??s famoso profesor de su tiempo, Donato, el cual hablaba el lat??n a la perfecci??n, pero era pagano. Esta instrucci??n recibida de un hombre muy instruido pero no creyente, llev?? a Jer??nimo a llegar a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y d??as leyendo y aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicer??n, Virgilio, Horacio y T??cito, y a los autores griegos: Homero, y Plat??n, pero no dedicaba tiempo a leer libros religiosos que lo pudieran volver m??s espiritual.

En una carta que escribi?? a Santa Eustoquia, San Jer??nimo le cuenta el di??logo aterrador que sostuvo en un sue??o o visi??n. Sinti?? que se presentaba ante el trono de Jesucristo para ser juzgado, Nuestro Se??or le preguntaba: «??A qu?? religi??n pertenece? ??l le respondi??: «Soy cristiano ??? cat??lico», y Jes??s le dijo: «No es verdad». Que borren su nombre de la lista de los cristianos cat??licos. No es cristiano sino pagano, porque sus lecturas son todas paganas. Tiene tiempo para leer a Virgilio, Cicer??n y Homero, pero no encuentra tiempo para leer las Sagradas Escrituras». Se despert?? llorando, y en adelante su tiempo ser?? siempre para leer y meditar libros sagrados, y exclamar?? emocionado: «Nunca m??s me volver?? a trasnochar por leer libros paganos». A veces dan ganas de que a ciertos cat??licos les sucediera una aparici??n como la que tuvo Jer??nimo, para ver si dejan de dedicar tanto tiempo a lecturas paganas e in??tiles (revistas, novelas) y dedican unos minutos m??s a leer el libro que los va a salvar, la Sagrada Biblia.

Jer??nimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, y por su terrible mal genio y su gran orgullo). Pero all?? aunque rezaba mucho y ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consigui?? la paz. Se dio cuenta de que su temperamento no era para vivir en la soledad de un desierto deshabitado, sin tratar con nadie.
El mismo en una carta cuenta c??mo fueron las tentaciones que sufri?? en el desierto (y esta experiencia puede servirnos de consuelo a nosotros cuando nos vengan horas de violentos ataques de los enemigos del alma). San Francisco de Sales??recomendaba leer esta p??gina de nuestro santo porque es bell??sima y provechosa: Dice as??: «En el desierto salvaje y ??rido, quemado por un sol tan despiadado y abrasador que asusta hasta a los que han vivido all?? toda la vida, mi imaginaci??n hac??a que me pareciera estar en medio de las fiestas mundanas de Roma. En aquel destierro al que por temor al infierno yo me conden?? voluntariamente, sin m??s compa????a que los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginaba estar en los bailes de Roma contemplando a las bailarinas. Mi rostro estaba p??lido por tanto ayunar, y sin embargo los malos deseos me atormentaban noche y d??a. Mi alimentaci??n era miserable y desabrida, y cualquier alimento cocinado me habr??a parecido un manjar exquisito, y no obstante las tentaciones de la carne me segu??an atormentando. Ten??a el cuerpo fr??o por tanto aguantar hambre y sed, mi carne estaba seca y la piel casi se me pegaba a los huesos, pasaba las noches orando y haciendo penitencia y muchas veces estuve orando desde el anochecer hasta el amanecer, y aunque todo esto hac??a, las pasiones segu??an atac??ndome sin cesar. Hasta que al fin, sinti??ndome impotente ante tan grandes enemigos, me arrodill?? llorando ante Jes??s crucificado, ba???? con mis l??grimas sus pies clavados, y le supliqu?? que tuviera compasi??n de m??, y ayud??ndome el Se??or con su poder y misericordia, pude resultar vencedor de tan espantosos ataques de los enemigos del alma. Y yo me pregunto: si esto sucedi?? a uno que estaba totalmente dedicado a la oraci??n y a la penitencia, ??qu?? no les suceder?? a quienes viven dedicados a comer, beber, bailar y darle a su carne todos los gustos sensuales que pide?».

Vuelto a la ciudad, sucedi?? que los obispos de Italia ten??an una gran reuni??n o Concilio con el Papa, y hab??an nombrado como secretario a San Ambrosio. Pero este se enferm??, y entonces se les ocurri?? nombrar a Jer??nimo. Y all?? se dieron cuenta de que era un gran sabio que hablaba perfectamente el lat??n, el griego y varios idiomas m??s. El Papa San D??maso, que era poeta y literato, lo nombr?? entonces como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pont??fice enviaba, y algo m??s tarde le encomend?? un oficio important??simo: hacer la traducci??n de la S. Biblia.

Las traducciones de la Biblia que exist??an en ese tiempo ten??an muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas.

Jer??nimo, que escrib??a con gran elegancia el lat??n, tradujo a este idioma toda la S. Biblia, y esa traducci??n llamada «Vulgata» (o traducci??n hecha para el pueblo o vulgo) fue la Biblia oficial para la Iglesia Cat??lica durante 15 siglos. Unicamente en los ??ltimos a??os ha sido reemplazada por traducciones m??s modernas y m??s exactas, como por ej. La Biblia de Jerusal??n y otras.

Casi de 40 a??os Jer??nimo fue ordenado de sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la dureza con la cual correg??a ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y rencores (??l dec??a que las se??oras ricas ten??an tres manos: la derecha, la izquierda y una mano de pintura… y que a las familias adineradas s??lo les interesaba que sus hijas fueran hermosas como terneras, y sus hijos fuertes como potros salvajes y los pap??s brillantes y mantecosos, como marranos gordos…). Toda la vida tuvo un modo duro de corregir, lo cual le consigui?? muchos enemigos. Con raz??n el Papa Sixto V cuando vio un cuadro donde pintan a San Jer??nimo d??ndose golpes de pecho con una piedra, exclam??: «??Menos mal que te golpeaste duramente y bien arrepentido, porque si no hubiera sido por esos golpes y por ese arrepentimiento, la Iglesia nunca te habr??a declarado santo, porque eras muy duro en tu modo de corregir!».

Sinti??ndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban el modo fuerte que ??l ten??a de conducir hacia la santidad a muchas mujeres que antes hab??an sido fiesteras y vanidosas y que ahora por sus consejos se volv??an penitentes y dedicadas a la oraci??n, dispuso alejarse de all?? para siempre y se fue a la Tierra Santa donde naci?? Jes??s.

Sus ??ltimos 35 a??os los pas?? San Jer??nimo en una gruta, junto a la Cueva de Bel??n. Varias de las ricas matronas romanas que ??l hab??a convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron tambi??n a Bel??n a seguir bajo su direcci??n espiritual. Con el dinero de esas se??oras construy?? en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los peregrinos que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde naci?? Jes??s.

All??, haciendo penitencia, dedicando muchas horas a la oraci??n y d??as y semanas y a??os al estudio de la S. Biblia, Jer??nimo fue redactando escritos llenos de sabidur??a, que le dieron fama en todo el mundo.

Con tremenda energ??a escrib??a contra los herejes que se atrev??an a negar las verdades de nuestra santa religi??n. Muchas veces se extralimitaba en sus ataques a los enemigos de la verdadera fe, pero despu??s se arrepent??a humildemente.

La Santa Iglesia Cat??lica ha reconocido siempre a San Jer??nimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la S. Biblia. Por eso ha sido nombrado Patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar m??s las Sagradas Escrituras. El Papa Clemente VIII dec??a que el Esp??ritu Santo le dio a este gran sabio unas luces muy especiales para poder comprender mejor el Libro Santo. Y el vivir durante 35 a??os en el pa??s donde Jes??s y los grandes personajes de la S. Biblia vivieron, ense??aron y murieron, le dio mayores luces para poder explicar mejor las palabras del Libro Santo.

Se cuenta que una noche de Navidad, despu??s de que los fieles se fueron de la gruta de Bel??n, el santo se qued?? all?? solo rezando y le pareci?? que el Ni??o Jes??s le dec??a: «Jer??nimo ??qu?? me vas a regalar en mi cumplea??os?». ??l respondi??: «Se??or te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca». El Ni??o Jes??s a??adi??: «??Y ya no me regalas nada m??s?». Oh mi amado Salvador, exclam?? el anciano, por Ti repart?? ya mis bienes entre los pobres. Por Ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras… ??qu?? m??s te puedo regalar? Si quisieras, te dar??a mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y as?? poder desgastarme todo por Ti». El Divino Ni??o le dijo: «Jer??nimo: reg??lame tus pecados para perdon??rtelos». El santo al o??r esto se ech?? a llorar de emoci??n y exclamaba: «??Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!». Y se dio cuenta de que lo que m??s deseaba Dios que le ofrezcamos los pecadores es un coraz??n humillado y arrepentido, que le pide perd??n por las faltas cometidas.

El 30 de septiembre del a??o 420, cuando ya su cuerpo estaba debilitado por tantos trabajos y penitencias, y la vista y la voz agotadas, y Jer??nimo parec??a m??s una sombra que un ser viviente, entreg?? su alma a Dios para ir a recibir el premio de sus fatigas. Se acercaba ya a los 80 a??os. M??s de la mitad los hab??a dedicado a la santidad.

Fuente ACI Prensa.

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