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Orígenes

Orígenes

Orígenes (en griego, Ὠριγένης Ōrigénēs; lit. ‘hijo de Horus’; en latín, Origenes Adamantius; en algunos textos antiguos, también Horigenes o bien Origines; Alejandría, 185-Tiro o Cesarea Marítima, 254) es considerado un padre de la Iglesia oriental,1​ destacado por su erudición y, junto con san Agustín y santo Tomás, uno de los tres pilares de la teología cristiana.

Hijo de Leónidas de Alejandría, nació en Alejandría y fue discípulo de Clemente de Alejandría y de Ammonio Saccas. Orígenes enseñó el cristianismo a paganos y cristianos. Viajó a Palestina en el año 216, tras ser invitado a dar conferencias sobre las escrituras, pues se caracterizaba por su gran erudición, llegando a ser un gran exégeta.

Nombrado profesor de catecúmenos y director de la escuela teológica de Alejandría, disfrutó de un periodo de creatividad hasta su enfrentamiento con el obispo local, Demetrio, que lo llevó a exiliarse a Cesarea de Palestina. Según Eusebio y Focio, la causa de este enfrentamiento fue la ordenación sacerdotal que Orígenes recibió en Cesarea, sin conocimiento de Demetrio, por parte de Teoctisto de Cesarea y Alejandro de Jerusalén.

Hay que tener en cuenta que, según la teología sacramental, Orígenes no podía recibir las órdenes por ser eunuco, ya que se decía que se castró él mismo en su juventud, en un arrebato de ‘ascetismo’.

En el año 248 escribió ocho libros Contra Celso (griego: Κατὰ Κέλσου; latín: Contra Celsum), para refutar las tesis del filósofo griego. En el año 250 fue encarcelado durante las persecuciones emprendidas por el emperador Decio. Fue sometido a tortura durante un año y murió cuatro años después como consecuencia del maltrato sufrido.

Santa Mectildis: Matilde de Hackeborn, en la recopilación de sus visiones y revelaciones, 5ª parte, Capítulo XVI: ‘De las almas de Salomón, Sansón, Orígenes y Trajano’, atribuye al propio Jesús: ‘…y también quiero que se ignore lo que ha hecho Mi Bondad con el alma de Orígenes para que nadie se atreva a entonarse fiado de su ciencia’ (Op cit. ediciones del Monasterio de san Benito, Buenos Aires, 1942).

Gracias a la ayuda de un mecenas en Cesarea, Ambrosio, Orígenes pudo dedicarse a dictar muchos comentarios escriturísticos, tratados de teología y homilías. Sus contribuciones se enmarcan en un contexto en el que la cristiandad, ya entonces una religión separada del judaísmo, vio necesaria la ampliación de su teología, en gran medida buscando reconciliar el cristianismo con el helenismo. Ireneo y Tertuliano habían iniciado esta labor, y posteriormente la escuela de Alejandría había retomado el trabajo.

La mayor parte de sus escritos se ha perdido a causa de las violentas polémicas que se desencadenaron en torno a su ortodoxia ya pocos años después de su muerte. El golpe decisivo lo dio el Concilio de Constantinopla de 553, que ordenó la destrucción de sus obras. Por eso, las que nos han llegado en su redacción griega original son relativamente pocas, quizás entre 10 y 20 por ciento del total. De muchas se han recuperado solo citas en florilegios y cadenas exegéticas, en la antología llamada Filocalía, atribuida a san Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, en la segunda mitad del siglo IV y en citas de otros autores antiguos. Además, algunas obras suyas, como el tratado Sobre la oración, se han encontrado en los papiros de Tura. De la Hexapla, el tratado Sobre los principios y la Defensa del cristianismo sobreviven solo fragmentos.

El 11 de junio de 2012 se anunció el descubrimiento del texto original de una colección de 29 homilías inéditas de los salmos de Orígenes en el manuscrito Monacensis graecus del siglo XI, descubierto por la investigadora italiana Marina Molin Pradel en la Bayerische Staatsbibliothek de Múnich. Las homilías no llevan el nombre del autor, probablemente a causa de la damnatio memoriae con que fue castigado Orígenes.

A pesar de la condena y de las polémicas, se conserva un buen número de traducciones latinas realizadas por San Jerónimo y Rufino. Entre ellas destaca el tratado contra el filósofo pagano Celso. Además, ambos autores se han inspirado a menudo en las obras de Orígenes.

En particular, de los ciclos de homilías predicadas por Orígenes en los años en torno del 240 en la Iglesia de Cesarea de Palestina, solo de algunas acerca de Jeremías se conocía el original griego, frente a colecciones sobre Génesis, Números y otros libros bíblicos conocidas solo en traducción latina.

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