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Volver a las fuentes

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Luis Glinka O.F.M. Nació en 1938. (Extracto de su libro «Volver a las fuentes, Introducción al pensamiento de los Padres de la Iglesia». 1993)

La Madre de Dios

 … La inmunidad de María de todo pecado personal ha de ser considerada como perteneciente, ya desde antiguo, al patrimonio de la fe en virtud de la predicación general. Solamente algunos Padres de la Iglesia consideraron como imperfección moral la reacción maternal de María en el hallazgo del niño perdido y la supuesta duda de María junto a la Cruz de su hijo agonizante.

 La Sagrada Escritura lo atestigua de un modo irrebatible. La «inmunidad de concuspicencia», como se denomina también al don de la integridad, consiste en que el hombre puede tener en su mano, y en consecuencia dominar, las reacciones espontáneas que preceden a su libre determinación y que le presentan como físicamente bueno o malo el objeto de su decisión; de esta manera, después de haber tenido lugar la decisión libre, la fuerza de atracción o de repulsión por parte del objeto queda anulada. En unión con Cristo, María tuvo que soportar el dolor y la muerte como consecuencias del pecado original. La pretensión de algunos teólogos de negar la muerte de María no tiene fundamento en la tradición de la Iglesia y aparece como una contradicción extraña frente a la vinculación de María a Cristo en la historia de la Salvación.

 …

 La Madre de Dios sin pecado original

 La impecabilidad de María la indica la Escritura en Lc 1,28: «»Dios te salve, llena de Gracia»». Es incompatible con la plenitud mariana de gracia cualquier falta moral propia.

 Mientras que algunos Padres griego, como Orígenes, san Basilio, San Juan Crisóstomo y San Cirilo de Alejndría, admitieron en la Virgen l existencia de algunas pequeñas faltas personales como vanidad y deseo de estimación, duda ante las palabras del ángel y debilidad en la fe al pie de la Cruz, los Padres latinos sostuvieron unánimemente la impecabilidad de Maria. San Agustín enseña que, por la honra del Señor, hay que excluir de la Virgen Maria todo pecado personal. San Efrén el Sirio coloca a María, por su impecabilidad, en un mismo nivel con Cristo.

Acerca de Luis Glinka, aquí.

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