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María es Virgo Puríssima y Domus Aurea

María es Virgo Puríssima y Domus Aurea

Cardenal John Henry Newman (1801-1890).  [Fragmentos de Meditaciones sobre las letanías de Loreto para el mes de mayo y Memorandum sobre la Inmaculada]

3 de mayo. María es Virgo Puríssima

Por Inmaculada Concepción y la Virgen Santísima se quiere expresar la gran verdad revelada de que Ella fue concebida sin pecado original en el seno de su madre, Santa Ana.

Desde la caída de Adán, toda la humanidad, sus descendientes, son concebidos y nacidos en pecado. El escritor inspirado dice en el Salmo Miserere: «»Mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre»»(Sal 50,7). Ese pecado que nos pertenece a cada uno y es nuestro desde el primer momento de nuestra existencia, es el pecado de la incredulidad y la desobediencia por el cual Adán perdió el Paraíso. Como hijos de Adán somos herederos de las consecuencias del pecado, y hemos perdido en el esa vestidura de gracia y santidad que le había sido dada por su Creador en el momento de crearlo. Todos nosotros hemos sido concebidos y hemos nacido en este estado de perdida, desheredados, y el camino ordinario para sacarnos de él es el Sacramento del Bautismo.

Pero María nunca estuvo en este estado, porque fue exenta por un eterno decreto de Dios. Desde toda la eternidad, Dios Padre, hijo y Espíritu Santo decretó crear la raza humana y, previendo la caída de Adán, redimirla por la encarnación del Hijo y su sufrimiento en la Cruz. En ese mismo incomprensible instante eterno en el que el Hijo de Dios nace del Padre se decretó la redención del hombre por El. Y la redención de María fue determinada de ese modo especial que llamamos la Inmaculada Concepción. No fue dispuesto que debiera ser purificada del pecado sino que fuera preservada del mismo, desde el primer momento de su existencia, de manera que el maligno nunca tuvo que ver con Ella. Por tanto, fue una hija de Adán y Eva como si nunca hubiesen caído. No compartió con ellos su pecado. Heredo los dones y las gracias – y aun más – que Adán y Eva habían tenido en el Paraíso. Esta es su prerrogativa y el fundamento de todas aquellas verdades salvíficas que nos son reveladas respecto a Ella. Digamos, pues, con todas las almas santas, «»Virgen purísima, concebida sin pecado original, María, ruega por nosotros.»»

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6 de mayo. María es Domus Aurea

… Ella es la casa y el palacio del Gran Rey, de Dios mismo. Nuestro Señor, el Hijo de Dios igual al Padre, habitó en Ella una vez. Fue su Huésped. Pero más que un huésped, pues éste entra y sale de una casa, pero nuestro Señor nació realmente en esta santa casa. Asumió su carne y su sangre de esta casa, de la carne y las venas de María. Por tanto, fue correcto que debiera ser hecha de oro puro, pues Ella iba a dar ese oro para formar el cuerpo del Hijo de Dios. Fue dorada en su concepción y dorada en su nacimiento, y pasó por el fuego de sus sufrimientos como el oro en el crisol, y desde que fue asunta a los cielos está, como dice nuestro himno: «»por encima de todos los Ángeles en la gloria inefable, de pie junto al Rey y vestida de oro.»»

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9 de mayo. María es Sancta Maria

… Cuando Dios quiso preparar una madre humana para su Hijo comenzó dándole una concepción inmaculada, no el don del amor, de la veracidad, de la amabilidad o de la devoción, aunque de acuerdo a la ocasión Ella los tenía todos. Comenzó su gran obra antes que Ella naciera, que pudiera pensar, hablar o actuar, haciéndola santa, y por lo tanto, mientras estuvo en la tierra, ciudadana del Cielo. «»¡Tota pulcra es, Maria!»». Ninguna deformidad del pecado es suya, y por eso se distingue de todos los santos.  … Así como El (Jesús), está separado de todas las creaturas por su Santidad, Ella está separada de todos los Santos y los Ángeles por ser Llena de Gracia.

Acerca del Cardenal Newman, aquí.

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