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Madre de la espera

Madre de la espera

«Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. » (San Juan 12, 23-24)

El Sábado Santo es un día de espera con la Virgen Santísima. Después del día doloroso de la Pasión de su Hijo, la Madre se ha quedado en silencio. Ella espera. Y su Esperanza es mas grande que su Dolor. Su Fe es mas fuerte que sus lágrimas. Se hará largo este día en espera del cumplimiento de la promesa de Jesús. Pero El resucitará. No hay duda de esto para María. Todo se había cumplido y esto también se cumplirá.

Acompañemos a nuestra Madre en la espera del día de la Alegría, del día de la Vida. Ya viene! Falta poco! Que no es menos el deseo de María de verlo de nuevo que el deseo de Jesús de consolar a su Madre. Y tú María, que compartiste con El la Pasión también compartirás con El el gozo de la Resurrección. Pues Ella vivió la Pasión con la Pasión de una Madre, como reza el soneto de mi amigo José García Velázquez:

Pasión de Madre

 
Siempre discreta, siempre silenciosa,
convertías tu vida en oración,
desde que siendo una joven piadosa
recibiste de Dios la Anunciación.
Todos te llaman hoy la Dolorosa,
mientras vives, callada, la Pasión:
pronto reirás, alegre y victoriosa,
en el día de la Resurrección.
Gracias, Madre: estás siempre presente
en los duros momentos del dolor,
acompañando al hombre penitente.
Cuidas el alma del pobre pecador
y aunque le deje el resto de la gente,
siente cerca tu aliento y tu calor.
Santa María Virgen, tu eres la Madre de la Espera. Madre nuestra Santísima, tú que esperaste con gozo silencioso y escondido a tu hijo durante nueve meses, hoy esperas que el grano de trigo renazca con la fuerza poderosa de la Vida Divina.

Ay Madre, si pudieramos en este día abrazarte y consolarte, serías tú la que realmente nos abrazaría y consolaría, la que nos daría fuerzas y sostendría nuestra fe debilitada por la pena y el dolor de las pruebas, igual que hiciste con Juan …

Madre, enséñanos a esperar con Fe. Que las lágrimas de nuestras cruces cotidianas nunca desdibujen la verdad de que si seguimos las huellas de dolor de nuestro Salvador, también viviremos con El la gloria de la Resurrección.

– Claudio* –
Sábado, 11 de Abril de 2009
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