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La Madre de la Cruz

La Madre de la Cruz

«Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús.» (San Marcos 15,21)

«Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre … » (San Juan 19,25)

Dios quiso que su hijo fuera ayudado por el Cireneo para que sepamos que todas nuestras cruces pueden y deben ser asociadas a la Cruz de Cristo. Si ofrecemos nuestras cruces al Señor, entonces estas tendrán destino de Vida. Destino de Resurrección. Con la seguridad además, de que al pie de nuestras cruces también encontraremos a María, nuestra Madre.

Ofrezcamos en este Viernes Santo la cruz del dolor de tantos hermanos. La cruz de la enfermedad, de la soledad, del dolor, del hambre, de la desesperación, de la desesperanza, del que no tiene fe, del que pierde su fe, del que no cuida su fe, del abandono, del desencuentro, de la división, del desengaño, del que escapa a su Cruz …

Te ofrecemos la cruz de los bebitos no deseados, de los niñitos abortados, de los hijos abandonados, de los niños no bautizados, de los niños que trabajan y no juegan, de los que no te conocen ni te conocerán.

Te ofrecemos la cruz de los adolescentes y jóvenes, de los que son perseguidos, de los que son esclavizados, de las que son raptadas, violadas, soguzgadas, de los que van tras los placeres y la vanidad, de los que caen en las drogas y los vicios, la cruz de los que sufren por sus padres, los que sufren los divorcios y divisiones familiares, los que se han quedado solos en la vida, los que deben ser sostén de familia, los que no pueden estudiar, los que no tienen fe o van tras religiones vacías de sentido.

Te ofrecemos la cruz de los adultos y ancianos abandonados, de los que sufren depresión, desesperación, rencor, odio. La cruz de los poderosos. La cruz de los oprimidos. La cruz de los encarcelados. La cruz de las víctimas. La cruz de los que toman decisiones. La cruz de los que pregonan el aborto sin saber lo que hacen. La cruz de las mujeres que han abortado. La cruz de los padres que no pueden tener hijos. La cruz de los viudos, de los solos, de los divorciados. La cruz de los padres y madres. La cruz de los que ven morir un hijo. La cruz de los que ven morir sus padres. La cruz de los trabajadores mal remunerados. La cruz de los trabajadores que no tienen trabajo. La cruz de los que mueren por violencia. La cruz de los cristianos perseguidos. La cruz de los que mueren en soledad y sin el auxilio de tus Sacramentos.

Te ofrecemos la cruz de los misioneros y misioneras. La cruz de los sacerdotes y religiosos perseguidos, de los sacerdotes solos, de los sacerdotes incomprendidos. De los sacerdotes en tentación. La cruz de los Obispos. La cruz del Papa. La cruz de tu Iglesia. La cruz del escándalo de la división de los cristianos …

Te ofrecemos todas nuestras cruces y las asociamos a tu Cruz Redentora. Junto con Mamita, nuestra Santísima Virgen María. Ella que no conoció el pecado, fue la primera en asociarse a tu Cruz y vivir el dolor de un corazón traspasado por la muerte de su Hijo único. Danos Madre de tu fortaleza para llevar nuestras cruces cotidianas con la entereza y esperanza de tu Corazón Inmaculado. Y te damos gracias Madre, porque también has amado al extremo al entregar a tu Hijo en la Cruz por la salvación de todos. Y gracias porque sabemos que no nos abandonas y estás junto a nuestras cruces cotidianos con todo tu amor de Madre.

– Claudio* –

Viernes, 10 de Abril de 2009

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