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La Prorredención Mariana

La Prorredención Mariana

Sobre los obstáculos acerca de la Corredención

El presente artículo tiene como único fin el intentar poner luz y despejar las dificultades que ha tenido en estas últimas décadas el título mariano de la Corredención especialmente cuando se pide que sea proclamado además como un nuevo Dogma Mariano. 
Obviamente las dificultades y los ataques o defensas son muchísimos, tanto en el campo católico como no católico, y escapa a mi capacidad el dar una contestación adecuada. Pero si el principal escollo es la interpretación sobre el término en si mismo, se me ha ocurrido una manera de poner coto a esas interpretaciones para que, ni por exceso ni por defecto, se utilice mal el término, cosa que en definitiva irá en desmedro de la Gloria en última instancia de la Santísima Trinidad y de la gloria de la Santísima Virgen María.
De ninguna manera me erijo en autoridad. Simple y humildemente propongo un camino. Luces mas elevadas quizá vean la posibilidad y levanten esta pequeña llama para hacerla crecer al fuego de la Tradición y la Escritura, y si no es de Dios, pues aquí queda como testimonio filial de un hijo de María Santísima.
Una nueva palabra para explicarlo mejor
Atendiendo a que el termino ‘Corredención’ ha sufrido ataques y un enfriamiento en la teología moderna, pues hasta 1985 incluso San Juan Pablo II lo usaba refiriéndose al papel único de la Virgen María en la historia de la redención humana, propongo un nuevo término que podría venir a explicar (no ha reemplazar) de manera más correcta esta Gracia otorgada a la Virgen. Se trata a mi entender de un neologismo, pues no lo he encontrado en ningún lado: “Prorredención”.  En latín seria Pro Redemptione, en italiano y aplicado a la Virgen “Proredentrice”, en inglés sería “Proredemptive”.
La partícula “Pro” se refiere a posibilitar una acción de un tercero con la colaboración del primero. Ejemplo, los humanos somos llamados por el Magisterio “Procreadores” debido a nuestra cooperación en la generación de hijos de la especie humana que de esta manera son creados por Dios a través de los esposos. De hecho, es interersante lo que escribió el Padre Antonio Orozco Delclós respecto a la mismísima Virgen María, llamándola «Procreadora del Creador«. El dice:
En la naturaleza del hombre hay el poder impresionante de procrear personas. Dios se ha comprometido de tal modo que cuando ésta pone determinadas condiciones biológicas, Él crea personas. No lo hace siempre ni fuera de las condiciones establecidas, aunque de las piedras podría sacar «hijos de Abraham» (Mt 3, 9; Lc 3, 8)
Siguiendo esta misma lógica, María sería “Prorredentora” porque por su Fiat posibilita que el Hijo Eterno de Dios pueda encarnarse y llevar a cabo la Obra de la Salvación.
Además, siguiendo la analogía propuesta, María también da a luz a los nuevos hijos redimidos, cuestión ya suficientemente explicada con la “Maternidad Espiritual de todos los cristianos”. Es cierto que todos los cristianos uniendo nuestros dolores a los sufrimientos de Cristo (como dice San Pablo) también ayudamos a nuestra propia salvación y la salvación de los demás, pero siempre subordinados a Cristo, el Único mediador y el Único Salvador. Es decir, todos somos en cierta manera según nuestro grado de cooperación con la Gracia, posibles de ser llamados “prorredentores”. La misma Iglesia en cuanto Madre también lo es. Y siendo María figura de la Iglesia, podemos decir que, en esta subordinación a la redención perfecta obrada por Cristo, el concepto de la “prorredención” se debe aplicar a María de modo eminente y perfecto, en un grado tal que ninguno más de los bautizados podría alcanzarlo, en razón de que fue a Ella a quién el Ángel por pedido de Dios le pidió su aprobación para realizar su Plan. 
En virtud de lo expuesto, podemos decir que María es Prorredentora del género humano junto y en total subordinación a su Hijo Jesucristo, el Redentor del Mundo.
Objeciones
Al haber presentado esta propuesta a algunos Obispos y teólogos, he recibido como respuesta que el término que propongo no tiene (evidentemente) uso en la Tradición teológica de la Iglesia, cosa que sí ocurre con el término «corredención», del cual hay testimonio abundante en su uso.
Sin embargo, como anota Germán Rovira aquí , «La expresión ‘Corredentora’ aparece probablemente por primera vez en los Lamentos de María de un autor desconocido del siglo XV, cuyas obras actualmente se conservan en Salzburgo. Posteriormente la utilizó Alanus Varenus, y Salmerón se sirvió de ella en el Concilio de Trento. A partir de entonces se multiplican las aclamaciones en este sentido y comienzan las distinciones teológicas entre corredención de condigno y de congruo. Vega intentó una eclepsis de esta ‘quaestio disputata’ en su Teología Mariana. La idea, sin embargo, es tan antigua, por lo menos, como San Agustín, y, si se quiere, ya la encontramos en las palabras de Isabel en la Visitación. Cirilo de Alejandría ya sentó los fundamentos de esta denominación, que en las enseñanzas de San Germán de Constantinopla y San Juan Damasceno es un tema muy frecuente.»
A pesar de esto, este testimonio de uso desde el Siglo XV, tanto de la idea de la colaboración de María en la redención en Santos Padres de la Iglesia y demás santos, como la misma palabra «corredentora» incluso en Pontífices (hasta Juan Pablo II), no parece ser suficiente argumento para decantarse a favor del título o nuevo Dogma, razón por la cual yo presento el nuevo término, no como reemplazo. repito, del título de Corredentora, sino como argumento de explicación de su alcance. E insisto, en línea con Antonio Orozco, la idea ya está presente también desde antiguo aunque la palabra «prorredención» sea nueva.
Prof. Claudio Durán
La primera edición de este artículo fue publicada en agosto de 2017 en el Blog El Cielo es mi hogar.
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