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Nuestra Se??ora de Guadalupe

Nuestra Se??ora de Guadalupe

Seg??n la tradici??n oral continua e ininterrumpida y seg??n varios documentos hist??ricos, como los llamados Nican Mopohua y el Nican Motecpana y otros, en Diciembre de 1531 tuvieron lugar las apariciones de Nuestra Se??ora de Guadalupe a Juan Diego, un encuentro extraordinario.

Juan Diego era un hombre maduro, bautizado poco antes por los primeros misioneros franciscanos, perteneciente a la etnia ind??gena de los chichimecas de Texcoco.

Diez a??os despu??s de la conquista y cuando se iniciaba lentamente la evangelizaci??n de estas tierras, el S??bado 9 de Diciembre de 1531, muy de ma??ana, Juan Diego que ten??a pocos a??os de haberse convertido y bautizado, natural del pueblo de Cuauhtitl??n, que hab??a sido casado con una india llamada Mar??a Luc??a y que en este tiempo viv??an en el pueblo de Tulpetlac con su t??o Juan Bernardino, se dirig??a a la Misa Sabatina de la Virgen Mar??a y al catecismo, a la ???doctrina??? en Tlatelolco, atendida por los franciscanos del primer convento que entonces se hab??a erigido en la Ciudad de M??xico.

Cuando el humilde indio lleg?? a las faldas del cerro llamado Tepeyac, de repente escuch?? cantos preciosos, armoniosos y dulces que ven??an de lo alto del cerro, le pareci?? que eran coros de distintas aves que se respond??an unos a otros en un concierto de extraordinaria belleza, observ?? una nube blanca y resplandeciente, y que se alcanzaba a distinguir un maravilloso arcoiris de diversos colores. El indio qued?? absorto y fuera de s?? por el asombro y ???se dijo ??Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ??Quiz?? nom??s lo estoy so??ando? ??Quiz?? solamente lo veo como entre sue??os? ??D??nde estoy? ??D??nde me veo? ??Acaso all?? donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del ma??z, de nuestra carne, de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial? Hacia all?? estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde proced??a el precioso canto celestial.???

Estando en este arrobamiento, de pronto, ces?? el canto, y oy?? que una voz como de mujer, dulce y delicada, le llamaba, de arriba del cerrillo, le dec??a por su nombre:

??Juanito, Juan Dieguito??.

Sin ninguna turbaci??n, el indio decidi?? ir a donde lo llamaban, alegre y contento comenz?? a subir el cerrillo y cuando lleg?? a la cumbre se encontr?? con una bell??sima Doncella que all?? lo aguardaba de pie y lo llam?? para que se acercara. Y cuando lleg?? frente a Ella se dio cuenta, con gran asombro, de la hermosura de su rostro, su perfecta belleza, ???su vestido reluc??a como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como preciosas piedras, como ajorca (todo lo m??s bello) parec??a: la tierra como que relumbraba con los resplandores del arcoiris en la niebla. Y los mezquites y nopales y las dem??s hierbecillas que all?? se suelen dar, parec??an como esmeraldas. Como turquesa aparec??a su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, reluc??an como el oro.??? Todo manifestaba la presencia divina.????

Ante Ella, Juan Diego se postr??, y escuch?? la voz de la dulce y afable Se??ora del Cielo, en idioma Mexicano, ???le dijo:
??Escucha, hijo m??o el menor, Juanito. ??A d??nde te diriges???

Y ??l le contest??:

??Mi Se??ora, Reina, Muchachita m??a, all?? llegar??, a tu casita de M??xico Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos ense??an quienes son las im??genes de Nuestro Se??or, nuestros Sacerdotes.?????

??De esta manera, dialogando con Juan Diego, la preciosa Doncella le manifiest?? qui??n era y su voluntad:

??S??belo, ten por cierto, hijo m??o el m??s peque??o, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa Mar??a, Madre del verdadero Dios por quien se vive, el creador de las personas, el due??o de la cercan??a y de la inmediaci??n, el due??o del cielo, el due??o de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aqu?? me levanten mi casita sagrada, en donde lo mostr??, lo ensalzar?? al ponerlo de manifiesto: lo dar?? a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvaci??n: porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra est??is en uno, y de las dem??s variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a m?? clamen, los que me busquen, los que conf??en en m??, porque ah?? escuchar?? su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del Obispo de M??xico, y le dir??s c??mo yo te env??o, para que le descubras c??mo mucho deseo que aqu?? me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contar??s, cuanto has visto y admirado, y lo que has o??do.???

Y la Se??ora del Cielo le hace una especial promesa: ???ten por seguro que mucho lo agradecer?? y lo pagar??, que por ello te enriquecer??, te glorificar??; y mucho de all?? merecer??s con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te env??o.???
As??, de esta manera tan sublime, la Se??ora del cielo env??a a Juan Diego como su mensajero ante la cabeza de la Iglesia en M??xico, el obispo fray Juan de Zum??rraga. El humilde y obediente Juan Diego se postr?? por tierra y pronto se puso en camino, derecho a la Ciudad de M??xico, para cumplir el deseo de la Se??ora del Cielo.

Lleg?? a la casa del obispo, el franciscano fray Juan de Zum??rraga, y le pidi?? a los servidores y ayudantes que le avisaran que tra??a un mensaje para ??l, pero estos al verlo tan pobre y humilde, simplemente, lo ignoraron y lo hicieron esperar; pero Juan Diego, con infinita paciencia, estaba dispuesto ha cumplir con su misi??n as?? que esper??, hasta que por fin le avisaron al Obispo y este pidi?? que lo trajeran a su presencia. Juan Diego entr?? y se arrodill?? ante ??l, inmediatamente le comunic?? todo lo que admir??, contempl?? y escuch??, le dijo puntualmente el mensaje de la Se??ora del Cielo, la Madre de Dios, que le hab??a enviado y cual era su voluntad. El Obispo escuch?? al indio incr??dulo de sus palabras, juzgando que era parte de la imaginaci??n del indio, m??xime que era un reci??n convertido, y aunque le hizo muchas preguntas acerca de lo que hab??a referido, y capt?? que era constante y claro su mensaje, de todos modos no hizo mucho aprecio a sus palabras; as?? que lo despidi??, si bien con respeto y cordialidad, pero sin darle cr??dito a lo que le hab??a dicho; el Obispo se tomar??a un tiempo para reflexionar sobre este mensaje. Sali?? el indio de la casa del Obispo muy triste y desconsolado, ya que se dio cuenta que no se le hab??a dado cr??dito ni fe a sus palabras, como por no haber podido fructificar la voluntad de Mar??a Sant??sima.

Juan Diego regres?? al cerrillo al mismo punto en donde se le hab??a aparecido la Madre de Dios ???y en cuanto la vio, ante Ella se postr??, se arroj?? por tierra, le dijo:

??Patroncita, Se??ora, Reina, Hija m??a la m??s peque??a, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque dif??cilmente entr?? a donde es el lugar del Gobernante Sacerdote, lo vi, ante ??l expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste. Me recibi?? amablemente y lo escuch?? perfectamente, pero, por lo que me respondi??, como que no lo entendi??, no lo tiene por cierto. Me dijo: ??Otra vez vendr??s; a??n con calma te escuchar??, bien aun desde el principio ver?? por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad??.??? Juan Diego entendi?? que el obispo pensaba que le ment??a o que fantaseaba, y con toda humildad le dice a la Se??ora del Cielo: ?????mucho te suplico, Se??ora m??a, Reina, Muchachita m??a, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean. Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme all?? a donde me env??as. Virgencita m??a, Hija m??a menor, Se??ora, Ni??a; por favor disp??nsame: afligir?? con pena tu rostro, tu coraz??n; ir?? a caer en tu enojo, en tu disgusto, Se??ora Due??a m??a??.???????

La Reina del Cielo escuch?? con ternura y bondad, y con firmeza le respondi?? al indio:

???????Escucha, el m??s peque??o de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quien encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efect??en mi voluntad; pero es necesario que t??, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesi??n se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo m??o el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas ma??ana a ver al Obispo. Y de mi parte hazle saber, hazle o??r mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido. Y bien, de nuevo dile de qu?? modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa Mar??a, yo, que soy la Madre de Dios, te mando??.???

Juan Diego, todav??a entristecido por lo que hab??a sucedido, se despidi?? de la Se??ora del Cielo asegur??ndole que al d??a siguiente realizar??a su voluntad, aunque guardaba la duda de que fuera cre??da su palabra, a??n as??, le asegur?? que obedecer??a y esperar??a; se despidi?? de Mar??a Sant??sima y se fue a su casa a descansar.

?? ??Al d??a siguiente, Domingo diez de diciembre, Juan Diego se prepar?? muy temprano y sali?? directo a Tlatelolco, y despu??s de haber o??do Misa y asistir a la catequesis, se dirigi?? a la casa del Obispo, en donde, nuevamente, los ayudantes del obispo lo hicieron esperar mucho tiempo; al entrar ante ??l, Juan Diego se arrodill?? y entre l??grimas le comunic?? la voluntad de la Se??ora del Cielo, certific??ndole que se trataba de la Madre de Dios, la Siempre Virgen Mar??a y que ped??a le edificase su casita sagrada en aquel lugar del Tepeyac. El Obispo lo escuch?? con gran inter??s, pero para certificar la verdad del mensaje de Juan Diego le hizo varias preguntas acerca de lo que afirmaba, de c??mo era esa Se??ora del Cielo, de todo lo que hab??a visto y escuchado. El Obispo comenz?? a comprender que no era posible que hubiera sido un sue??o o una fantas??a lo que Juan Diego le refer??a, pero le pidi?? una se??al para constatar la verdad de las palabras del indio. Juan Diego, sin turbarse, acept?? ir con Mar??a Sant??sima con la petici??n del Obispo. Al tiempo que Juan Diego se pon??a en marcha, el Obispo mand?? dos personas de su entera confianza que vigilaran a Juan Diego y que, sin perderlo de vista, lo siguieran para saber a d??nde se dirig??a y con qui??n hablaba. Juan Diego lleg?? a un puente en donde pasaba un r??o, y ah?? los sirvientes lo perdieron de vista y, por m??s que lo buscaron, no lograron encontrarlo; los sirvientes estaban muy molestos por lo que hab??a sucedido y, al regresar, le dijeron al Obispo que Juan Diego era un embaucador, mentiroso y hechicero y le advirtieron que no le creyera que s??lo lo enga??aba por lo que, si volv??a, merec??a ser castigado.
Mientras tanto, Juan Diego hab??a llegado nuevamente al Tepeyac y encontr?? a Mar??a Sant??sima que lo aguardaba; Juan Diego se arrodill?? ante Ella y le comunic?? todo lo que hab??a acontecido en la casa del Obispo; quien le pregunt?? minuciosamente todo lo que hab??a visto y o??do, y le pidi?? una se??al para que pudiera dar cr??dito a su mensaje.

Mar??a Sant??sima le agradeci?? a Juan Diego la diligencia e inter??s que hab??a demostrado para cumplir su voluntad con palabras amables y llenas de cari??o, y le mand?? que regresara al d??a siguiente al mismo lugar y que ah?? le dar??a la se??al que solicitaba el Obispo.

Al d??a siguiente, Lunes once de Diciembre, Juan Diego no pudo volver ante la Se??ora del Cielo para llevar la se??al al Obispo; pues su t??o, de nombre Juan Bernardino, a quien amaba entra??ablemente como si fuera su mismo padre, estaba gravemente enfermo de lo que los indios llamaban Cocoliztli; busc?? un m??dico para lograr su curaci??n pero no logr?? encontrar a nadie. Ya de madrugada, el Martes doce de Diciembre, el t??o le rog?? a su sobrino que se dirigiera al Convento de Santiago Tlatelolco a llamar a uno de los Religiosos para que lo confesase y preparase porque era conciente de que le quedaba poco tiempo de vida. Juan Diego se dirigi?? presuroso a Tlatelolco para cumplir la voluntad del moribundo y habiendo llegado cerca del sitio en donde se le aparec??a la Se??ora del Cielo, reflexion?? con candidez, que era mejor desviar sus pasos por otro camino, rodeando el cerro del Tepeyac por la parte Oriente y, de esta manera, no entretenerse con Ella y poder llegar lo m??s pronto posible al convento de Tlatelolco, pensando que m??s tarde podr??a regresar ante la Se??ora del Cielo para cumplir con llevar la se??al al Obispo.

??Pero Mar??a Sant??sima baj?? del cerro y pas?? al lugar donde mana una fuente de agua aluminosa, sali?? al encuentro de Juan Diego y le dijo: ???
????Qu?? pasa, el m??s peque??o de mis hijos? ??A d??nde vas, a d??nde te diriges??????.

El indio qued?? sorprendido, confuso, temeroso y avergonzado, y le respondi?? con turbaci??n y postrado de rodillas:

?????Mi Jovencita, Hija m??a la m??s peque??a, Ni??a m??a, ojal?? que est??s contenta: ??c??mo amaneciste? ??Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Se??ora m??a, Ni??a m??a? Con pena angustiar?? tu rostro, tu coraz??n: te hago saber, Muchachita m??a, que est?? muy grave un servidor tuyo, t??o m??o. Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. Y ahora ir?? de prisa a tu casita de M??xico, a llamar a alg??n de los amados de Nuestro Se??or, de nuestros Sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo; que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte. Mas, si voy a llevarlo a efecto, luego aqu?? otra vez volver?? para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Se??ora, Jovencita m??a. Te ruego me perdones, tenme todav??a un poco de paciencia, porque con ello no te enga??o, Hija m??a la menor, Ni??a m??a, ma??ana sin falta vendr?? a toda prisa??.???

Mar??a Sant??sima escuch?? la disculpa del indio con apacible semblante; comprend??a, perfectamente, el momento de gran angustia, tristeza y preocupaci??n que viv??a Juan Diego, pues su t??o, un ser tan querido, se encontraba moribundo; y es precisamente en este momento en donde la Madre de Dios le dirige unas de las m??s bellas palabras, las cuales penetraron hasta lo m??s profundo de su ser:

?????Escucha, ponlo en tu coraz??n, Hijo m??o el menor, que no es nada lo que te espant??, lo que te afligi??; que no se perturbe tu rostro, tu coraz??n; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante aflictiva. ??No estoy aqu?? yo, que soy tu madre? ??No est??s bajo mi sombra y resguardo? ??No soy yo la fuente de tu alegr??a? ??No est??s en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ??Tienes necesidad de alguna otra cosa??????

??Y la Se??ora del Cielo le asegur??:

?????Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu t??o, porque de ella no morir?? por ahora. Ten por cierto que ya est?? bueno??.???

Y efectivamente, en ese preciso momento, Mar??a Sant??sima se encontr?? con el t??o Juan Bernardino d??ndole la salud, de esto se enterar??a m??s tarde Juan Diego.

Juan Diego tuvo fe total en lo que le aseguraba Mar??a Sant??sima, la Reina del Cielo, as?? que consolado y decidido le suplic?? inmediatamente que lo mandara a ver al Obispo, para llevarle la se??al de comprobaci??n, para que creyera en su mensaje.

La Virgen Sant??sima le mand?? que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes se hab??an encontrado; y le dijo:

?????All?? ver??s que hay variadas flores: c??rtalas, re??nelas, ponlas todas juntas: luego baja aqu??; tr??elas aqu??, a mi presencia??.???

Juan Diego inmediatamente subi?? al cerrillo, no obstante que sab??a que en aquel lugar no hab??an flores, ya que era un lugar ??rido y lleno de pe??ascos, y s??lo hab??a abrojos, nopales, mezquites y espinos; adem??s, estaba haciendo tanto fr??o que helaba; pero cuando lleg?? a la cumbre, qued?? admirado ante lo que ten??a delante de ??l, un precioso vergel de hermosas flores variadas, frescas, llenas de roc??o y difundiendo un olor suav??simo; y poni??ndose la tilma o ayate a la manera acostumbrada de los indios, comenz?? a cortar cuantas flores pudo abarcar en el regazo de su ayate. Inmediatamente baj?? el cerro llevando su hermosa carga ante la Se??ora del Cielo.??

Mar??a Sant??sima tom?? en sus manos las flores coloc??ndolas nuevamente en el hueco de la tilma de Juan Diego y le dijo:

?????Mi hijito menor, estas diversas flores son la prueba, la se??al que llevar??s al Obispo; de mi parte le dir??s que vea en ellas mi deseo, y que por ello realice mi querer, mi voluntad; y t?? …, t?? que eres mi mensajero…, en ti absolutamente se deposita la confianza; y mucho te mando con rigor que nada mas a solas, en la presencia del Obispo extiendas tu ayate, y le ense??es lo que llevas; y le contar??s todo puntualmente, le dir??s que te mand?? que subieras a la cumbre del cerrito a cortar flores, y cada cosa que viste y admiraste, para que puedas convencer al Obispo, para que luego ponga lo que est?? de su parte para que se haga, se levante mi templo que le he pedido??.

Y dicho esto, la Virgen Mar??a despidi?? a Juan Diego. Qued?? el indio tranquilo en su coraz??n, muy alegre y contento con la se??al, porque entendi?? que tendr??a ??xito y surtir??a efecto su embajada, y cargando con gran tiento las rosas sin soltar alguna, las iba mirando de rato en rato, gustando de su fragancia y hermosura.

Juan Diego lleg?? a la casa del Obispo, y suplic?? al portero y a los dem??s servidores que le dijeran al Obispo que deseaba verlo; pero ninguno quiso; fing??an que no entend??an, quiz?? porque todav??a estaba oscuro, o porque ya lo conoc??an, o que nom??s los molestaba y los importunaba. Juan Diego espero por un largu??simo tiempo; y cuando los sirvientes vieron que el indio todav??a segu??a ah??, sin hacer nada, esperando que lo llamaran, y observando tambi??n que algo cargaba en su tilma, se acercaron para ver que tra??a. Juan Diego no pudo ocultarles lo que llevaba, pues podr??an empujarlo y hasta maltratar las flores, as?? que abriendo un poquito la tilma, se dieron cuenta que eran preciosas flores que desped??an un perfume maravilloso. Y quisieron agarrar unas cuantas, tres veces lo intentaron, pero no pudieron, porque cuando hac??an el intento ya no pod??an ver las flores, sino que las ve??an como si estuvieran pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma.

Inmediatamente fueron a decirle al Obispo lo que hab??an visto; y c??mo deseaba verlo el indito que otras veces hab??a venido, y que ya hac??a much??simo rato que estaba all?? aguardando el permiso, porque quer??a verlo. Y el Obispo, en cuanto lo oy??, comprendi?? que Juan Diego portaba la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el indio. Enseguida dio orden de que pasara a verlo. Y Juan Diego habiendo entrado, en su presencia se postr??, como ya antes lo hab??a hecho; de nuevo le cont?? lo que hab??a visto, admirado y su mensaje.
Y en ese momento, Juan Diego entreg?? la se??al de Mar??a Sant??sima extendiendo su tilma, cayendo en el suelo las preciosas flores; y se vio en ella, admirablemente pintada, la Imagen de Mar??a Sant??sima, como se ve el d??a de hoy, y se conserva en su sagrada casa. El Obispo Zum??rraga, junto con su familia y la servidumbre que estaba en su entorno, sintieron una gran emoci??n, no pod??an creer lo que sus ojos contemplaban, una hermos??sima Imagen de la Virgen, la Madre de Dios, la Se??ora del Cielo. La veneraron como cosa celestial. El Obispo ???con llanto, con tristeza, le rog??, le pidi?? perd??n por no haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra.???????
Y cuando el Obispo se puso de pie, desat?? del cuello de Juan Diego la tilma en la que se apareci?? la Reina Celestial. Posteriormente, la coloc?? en su oratorio. Juan Diego pas?? un d??a en la casa del Obispo; y, al d??a siguiente, ??ste le dijo: ??Anda, vamos a que muestres d??nde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo?????

Juan Diego le mostr?? los sitios en que hab??a visto y hablado las cuatro veces con la Madre de Dios y pidi?? permiso para ir a ver a su t??o Juan Bernardino, a quien hab??a dejado gravemente enfermo; el Obispo pidi?? a algunos de su familia para que acompa??aran a Juan Diego, y les orden?? que si hallasen sano al enfermo, lo llevasen a su presencia.

Al llegar al pueblo de Tulpetlac vieron que el t??o, Juan Bernardino, estaba totalmente sano, nada le dol??a; y ??l, por su parte, estaba admirado de la forma en que su sobrino era acompa??ado y muy honrado por los espa??oles enviados por el Obispo. Juan Diego le cont?? a su t??o c??mo hab??a sucedido su encuentro con la Se??ora del Cielo, c??mo lo hab??a enviado a ver al Obispo con la se??al prometida para que se le edificara un templo en el Tepeyac y, finalmente, como le hab??a asegurado que ??l estaba ya sano. Inmediatamente, Juan Bernardino confirm?? esto, que en ese presido momento a ??l tambi??n se le hab??a aparecido la Virgen, exactamente en la misma forma como la describ??a su sobrino; y que tambi??n a ??l lo hab??a enviado a M??xico a ver al Obispo; y que le testificara lo que hab??a visto y le platicara la manera maravillosa de c??mo lo hab??a sanado, ???y que bien as?? la llamar??a, bien as?? se nombrar??a: LA PERFECTA VIRGEN SANTA MAR??A DE GUADALUPE, su Amada Imagen.???

Cumpliendo con esta disposici??n, Juan Bernardino fue llevado ante el Obispo para que contara su testimonio y, junto con su sobrino Juan Diego, lo hosped?? en su casa unos cuantos d??as, de esta manera supo con exactitud lo que hab??a pasado, c??mo hab??a recobrado su salud y c??mo era la Se??ora del Cielo.

De una manera asombrosa, ya se hab??a difundido la fama del milagro y acud??an los vecinos de la ciudad a la casa Episcopal a venerar la Imagen. Al darse cuenta el Obispo de la gran cantidad de personas que llegaban a ver de cerca lo que hab??a acontecido; decidi?? llevar la Imagen santa a la Iglesia mayor y la puso en el Altar, donde todos la gozaran; aqu?? permaneci?? mientras se edificaba una Ermita en el lugar que hab??a se??alado Juan Diego.

Todos contemplaron con asombro la Sagrada Imagen. ???Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeci?? cuando vino a ver, a admirar su preciosa Imagen. Ven??an a reconocer su car??cter divino. Ven??an a presentarle sus plegarias. Mucho admiraron en qu?? milagrosa manera se hab??a aparecido puesto que absolutamente ning??n hombre de la tierra pint?? su amada Imagen.???

Juan Diego se entreg?? plenamente al servicio de Mar??a Sant??sima de Guadalupe, y le apenaba mucho encontrarse tan distante su casa y su pueblo. ??l quer??a estar cerca de Ella todos los d??as, barriendo el templo (que para los ind??genas era un verdadero honor), transmitiendo lo que hab??a visto y o??do, y orando con gran devoci??n; por lo cual, Juan Diego suplic?? al se??or Obispo poder estar en cualquier parte que fuera, junto a las paredes del templo, y servirle. El Obispo, que estimaba mucho a Juan Diego, accedi?? a su petici??n y permiti?? que se le construyera una casita junto a la Ermita de la Se??ora del Cielo. Viendo su t??o Juan Bernardino que su sobrino serv??a muy bien a Nuestro Se??or y a su preciosa Madre, quer??a seguirle, para estar juntos; ???pero Juan Diego no accedi??. Le dijo que conven??a que se estuviera en su casa, para conservar las casas y tierras que sus padres y abuelos les dejaron???.

Juan Diego fue una persona humilde, con una fuerza religiosa que envolv??a toda su vida; que dej?? sus tierras y casas para ir a vivir a una pobre choza, a un lado de la Ermita; a dedicarse completamente al servicio del templo de su amada Ni??a del Cielo, la Virgen Santa Mar??a de Guadalupe, quien hab??a pedido ese templo para en ??l ofrecer su consuelo y su amor maternal a todos lo hombres. Juan Diego edific?? con su testimonio y su palabra; de hecho, se acercaban a ??l para que intercediera por las necesidades, peticiones y s??plicas de su pueblo. Juan Diego nunca descuid?? la oportunidad de narrar la manera en que hab??a ocurrido el encuentro maravilloso que hab??a tenido, y el privilegio de haber sido el mensajero de la Virgen de Guadalupe. La gente sencilla lo reconoci?? y lo vener?? como verdadero santo; incluso, como dec??amos, los indios lo pon??an como modelo para sus hijos, y no hab??a empacho de llamarlo ???Var??n Santo???.??

El mismo pueblo fue quien comunic?? por todas partes el gran Acontecimiento Guadalupano y, con la caracter??stica memoria ind??gena, fue transmitido de padres a hijos, de abuelos a nietos.

Una de estas narraciones que actualmente se escucha y que recoge lo esencial y lo m??s hermoso del Evento Guadalupano, y en donde es llamado Juan Diego ???uno de los nuestros???, la tenemos en Zozocolco, Veracruz, pueblecito perdido en las monta??as entre Papantla y Poza Rica, a seis horas hacia la monta??a, el padre Ismael Olmedo Casas, el doce de diciembre de 1995, tuvo la idea de preguntar a los fieles ind??genas qu?? era lo que celebraban, antes de predic??rselos ??l:

????????Buenos d??as, Grandes Jefes! Queremos que nos platiquen sobre la Virgen de Guadalupe. Hoy, en la fiesta de la Virgen de Guadalupe.
????????Se??or Cura, Jefe servidor de las cosas santas, buenos d??as!
??????Te platico lo que hemos o??do a los ancianos, nuestros abuelos: Hace muchas pascuas [fiestas] de San Miguel, hace casi mil cosechas [dos por a??o], hace casi 500 vuelos del Palo Volador [un vuelo cada a??o durante una fiesta], sucedi?? que all?? en el centro de donde nos mandaban a nosotros, que ??ramos servidores del Emperador Gran Se??or, que vest??a fina manta y hermosos plumajes, y ofrec??a por el pueblo al Dios Bueno lo que la tierra produc??a y la sangre de sus hijos para que el orden de la vida siguiera adelante, llegaron hombres de cabello de sol, que nosotros ya sab??amos de su llegada; pero no esper??bamos esos malos tratos de su parte, porque los cre??amos enviados de los ??ngeles, y s??lo trajeron mugre, enfermedad, destrucci??n, muerte y mentira: Nos hablaban de un Dios que amaba, pero ellos con su vida odiaban.
??????El pueblo ya estaba cansado, cuando en una obscura ma??ana de la media cosecha fuerte del caf?? [mediados de diciembre], a uno de los nuestros le regal?? Dios, Dios Esp??ritu Santo, un mensaje del cielo. Como lo dijera el Libro Grande de nuestros hermanos los mayas [el Popol Vuh]: El hombre se hab??a portado mal, y el gran Dios mandar??a a alguien para rehacer al hombre del ma??z.
??????Tambi??n el Libro Grande de los espa??oles [la Biblia] dice que despu??s de que el hombre destruy?? la armon??a que hab??a en el Universo, manifestado en el vuelo perfecto del Volador, merec??a la vida sin felicidad, pero Dios prometi?? que alguien nacido de una de nuestra raza, Mujer, nos devolver??a la sonrisa a nuestros rostros, nos quitar??a el mecapal con la carga en la cuesta m??s pesada, y har??amos fiesta d??as enteros, sin acabarse [la Vida Eterna].
??????Apareci??, as?? lo dicen los Jefes, en el Cerro del An??huac, una se??al del mismo Cielo, a donde llega la manzana del Volador: Una Mujer con gran importancia, m??s que los mismos Emperadores, que, a pesar de ser mujer, su poder??o es tal que se para frente al Sol, nuestro dador de vida, y pisa la Luna, que es nuestra gu??a en la lucha por la luz, y se viste con las Estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cu??ndo debemos sembrar, doblar o cosechar.
??????Es importante esta Mujer, porque se para frente al Sol, pisa la Luna y se viste con las Estrellas, pero su rostro nos dice que hay alguien mayor que Ella, porque est?? inclinada en signo de respeto.
??????Nuestros mayores ofrec??an corazones a Dios, para que hubiera armon??a en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios.
??????Los tres volcanes surgen de sus manos y en el pecho, aquellos que flanquean el An??huac y el que vio la llegada de nuestros dominadores, que para Ella tienen que ser tenidos y tenerlos como de una nueva raza, por eso su rostro no es ni de ellos ni de nosotros, sino de ambos. En su t??nica se pinta todo el Valle del An??huac y centra la atenci??n en el vientre de esta Mujer, que, con la alegr??a de la fiesta, danza, porque nos dar?? a su Hijo, para que con la armon??a del ??ngel que sostiene el cielo y la tierra [manto y t??nica] se prolongue una vida nueva. Esto es lo que recibimos de nuestros ancianos, de nuestros abuelos, que nuestra vida no se acaba, sino que tiene un nuevo sentido, y como lo dice el Libro Grande de los espa??oles [la Biblia], que apareci?? una se??al en el cielo, una Mujer vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies y una corona de Estrellas, y est?? a punto de parir.
??????Esto es lo que hoy celebramos, Se??or Cura: la llegada de esta se??al de unidad, de armon??a, de nueva vida.???

????Tambi??n el Santo Padre, Juan Pablo II, transmite con gran fuerza la importancia del Mensaje Guadalupano comunicado por San Juan Diego y confirma la perfecta evangelizaci??n que nos ha sido donada por Nuestra Madre, Mar??a de Guadalupe; ???Y Am??rica, ???declara el Papa??? que hist??ricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido ??en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, […] en Santa Mar??a de Guadalupe, […] un gran ejemplo de evangelizaci??n perfectamente inculturada??. Por eso, no s??lo en el Centro y en el Sur, sino tambi??n en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda Am??rica.??? El Papa Juan Pablo II reafirma la fuerza y la ternura del mensaje de Dios por medio de la estrella de la evangelizaci??n, Mar??a de Guadalupe, y su fiel, humilde y verdadero mensajero Juan Diego; momento hist??rico para la evangelizaci??n de los pueblos, ???La aparici??n de Mar??a al indio Juan Diego ???reafirma el Santo Padre??? en la colina del Tepeyac, el a??o de 1531, tuvo una repercusi??n decisiva para la evangelizaci??n. Este influjo va m??s all?? de los confines de la naci??n mexicana, alcanzando todo el Continente.???

??San Juan Diego contin??a difundiendo al mundo entero este gran Acontecimiento Guadalupano, un gran Mensaje de Paz, de Unidad y de Amor que se sigue transmitiendo tambi??n por medio de cada uno de nosotros, convirtiendo nuestra pobre historia humana en una maravillosa Historia de Salvaci??n, ya que en el centro de la Sagrada Imagen, en el centro del Acontecimiento Guadalupano, en el centro del coraz??n de la Sant??sima Virgen Mar??a de Guadalupe, se encuentra Jesucristo Nuestro Salvador.

??Oraci??n a San Juan Diego

San Juan Diego gracias por el mensaje evangelizador que con humildad nos has entregado, gracias a ti sabemos que la Virgen Sant??sima de Guadalupe es la Madre del verdadero Dios por quien se vive y es la portadora de Jesucristo que nos da su Esp??ritu que vivifica a nuestra Iglesia.

Gracias a ti sabemos que Santa Mar??a de Guadalupe es tambi??n nuestra Madre amorosa y compasiva, que escucha nuestro llanto, nuestra tristeza; porque Ella remedia y cura nuestras penas, nuestras miserias y dolores. Gracias al obediente cumplimiento de tu misi??n sabemos que Santa Mar??a de Guadalupe nos ha colocado en su coraz??n, que estamos bajo su sombra y resguardo, que es la fuente de nuestra alegr??a, que estamos en el hueco de su manto, en el cruce de sus brazos.

Gracias San Juan Diego por este mensaje que nos fortifica en la Paz, en la Unidad y en el Amor.

AM??N

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