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III Parte. Capítulo 4: Efectos maravillosos de la consagración total

Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María  de San Luis María Grignion de Monfort

Tercera Parte  LA PERFECTA CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO

Capítulo IV: EFECTOS MARAVILLOSOS DE LA CONSAGRACIÓN TOTAL

 Persuádete, hermano carísimo, de que si eres fiel a las prácticas interiores y exteriores de esta devoción, las cuales voy a indicar más adelante, participarás de los frutos maravillosos que produce en el alma fiel.

 

  1. Conocimiento y valorización de sí mismo

 1) Gracias a la luz que te comunicará el Espíritu Santo por medio de María, su querida Esposa, conocerás tu mal fondo, tu corrupción e incapacidad para todo lo bueno. Y, a consecuencia de este conocimiento, te despreciarás y no pensarás en ti mismo sino con horror. Te considerarás como una babosa que todo lo mancha, como un sapo que todo lo emponzoña con su veneno o como una serpiente maligna que sólo pretende engañar. En fin, la humilde María te hará partícipe de su profunda humildad y, mediante ella, te despreciarás a ti mismo, no despreciarás a nadie y gustarás de ser menospreciado.

 

  1. Participación en la fe de María

 La Santísima Virgen te hará partícipe de su fe. La cual fue mayor que la de todos los patriarcas, profetas, apóstoles y todos los demás santos. Ahora que reina en los cielos, no tiene ya esa fe, porque ve claramente todas las cosas en Dios por la luz de la gloria. Sin embargo, con el consentimiento del Señor, no la ha perdido al entrar en la gloria: la conserva para comunicarla a sus fieles en la Iglesia peregrina.

Por lo mismo, cuanto más te granjees la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, tanto más reciamente se cimentará toda tu vida en la fe verdadera:

–        Una fe pura, que hará que no te preocupes por lo sensible y extraordinario.

–        Una fe viva y animada por la caridad, que te hará orar siempre con el amor más puro.

–        Una fe viva e inconmovible como una roca, que te ayudará a permanecer siempre firme y constante en medio de las tempestades y tormentas.

–        Una fe penetrante y eficaz, que, como misteriosa llave maestra, te permitirá entrar en todos los misterios de Jesucristo, las postrimerías del hombre y el corazón mismo de Dios.

–        Una fe intrépida, que te llevará a emprender y llevar a cabo, sin titubear, grandes empresas por Dios y por la salvación de las almas.

–        Finalmente, una fe que será tu antorcha encendida, tu vida divina, tu tesoro escondido de la divina sabiduría y tu arma omnipotente, de la cual te servirás para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para inflamar a los tibios y necesitados del oro encendido de la caridad, para resucitar a los muertos por el pecado, para conmover y convertir, con tus palabras suaves y poderosas, los corazones de mármol y los cedros del Líbano y, finalmente, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación.

 

  1. Madurez cristiana

 Esta Madre del Amor Hermoso quitará de tu corazón todo escrúpulo y temor servil desordenado y lo abrirá y ensanchará para correr por los mandamientos de su Hijo con la santa libertad de los hijos de Dios y encender en el alma el amor puro, cuya tesorera es Ella. De modo que, en tu comportamiento con Dios, ya no te gobernarás, como hasta ahora, por temor, sino por amor puro. Lo mirarás como a tu Padre bondadoso, te afanarás por agradarle incesantemente y dialogarás con Él confidencialmente como un hijo con su cariñoso padre. Si, por desgracia, llegaras a ofenderlo, te humillarás al punto delante de Él, le pedirás perdón humildemente, tenderás a Él la mano con sencillez, te levantarás de nuevo amorosamente, sin turbación ni inquietud, y seguirás caminando hacia Él, sin descorazonarte.

 

  1. Gran confianza en Dios y en María

 La Santísima Virgen te colmará de gran confianza en Dios y en Ella misma.

Porque:

1º) ya no te acercarás por ti mismo a Jesucristo, sino siempre por medio de María, tu bondadosa Madre.

2º) Habiéndole entregado todos tus méritos, gracias y satisfacciones para que disponga de ellos según su voluntad, Ella te comunicará sus virtudes y te revestirá con sus méritos de suerte que podrás decir a Dios con plena confianza: Ésta es María, tu servidora. ¡Hágase en mí según lo que has dicho! (Lc. 1, 38).

3º) Habiéndote entregado totalmente a Ella, en cuerpo y alma, Ella que es generosa con los generosos y más generosa que los más generosos, se entregará a ti en recompensa, de forma maravillosa pero real, de suerte que podrás decirle con santa osadía: ¡Soy todo tuyo, oh María: sálvame! (Sal. 119, 94). O, con el discípulo amado, como he dicho antes: ¡Te he tomado, Madre Santísima, por todos mis bienes! O con san Buenaventura: Querida Señora y salvadora mía, obraré confiadamente y sin temor, porque eres mi fortaleza y alabanza en el Señor. ¡Soy todo tuyo y cuanto tengo es tuyo, Virgen gloriosa y bendita entre todas las criaturas! ¡Que yo te ponga como sello sobre mi corazón porque tu amor es fuerte como la muerte! Podrás decir a Dios con los sentimientos del Profeta: Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre (Sal. 131, 1-2).

4º) El hecho de haberle entregado en depósito todo lo bueno que tienes, para que lo conserve o comunique, aumentará aún más tu confianza en Ella. Sí, entonces confiarás menos en ti mismo y mucho más en Ella, que es tu tesoro. ¡Oh! ¡Qué confianza y consuelo poder decir que el tesoro de Dios, en el que ha puesto lo más precioso que tiene, es también tu tesoro! Ella es, dice un santo, el tesoro del Señor (Ramón Jordán).

 

  1. Comunicación de María y de su espíritu

 El alma de María estará en ti para glorificar al Señor y su espíritu se alborozará por ti en Dios, su salvador, con tal que permanezcas fiel a las prácticas de esta devoción. Que el alma de María more en cada uno para engrandecer al Señor, que el espíritu de María permanezca en cada uno para regocijarse en Dios (san Ambrosio).

¡Ay! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso, dice un santo varón de nuestros días, ferviente enamorado de María, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que Santa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo, al encontrar a su Esposa como reproducida en las almas, vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente del de sabiduría, para realizar maravillas de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformarán en copias vivientes de la Santísima Virgen, para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: ¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María!

 

  1. Transformación en María a imagen de Jesucristo

 Si María, que es el árbol de la vida, está bien cultivada en ti mismo, por la fidelidad a las prácticas de esta devoción, dará su fruto en tiempo oportuno, fruto que no es otro que Jesucristo.

Veo a tantos devotos y devotas que buscan a Jesucristo. Unos van por un camino y una práctica, los otros por otra. Y, con frecuencia, después de haber trabajado pesadamente durante la noche, pueden decir: Hemos trabajado toda la noche sin pescar nada (Lc. 5, 5). Y se les puede contestar: Han trabajado mucho pero recogido poco (Ag. 1, 6). Jesucristo es todavía muy débil en ustedes. Pero por el camino inmaculado de María y esta práctica divina que les enseño se trabaja de día, se trabaja en un lugar santo, se trabaja poco. En María no hay noche, porque en Ella no hay pecado ni aún la menor sombra de él. María es un lugar santo. Es el santo de los santos, en donde son formados y moldeados los santos.

Escucha bien lo que digo: los santos son moldeados en María. Existe gran diferencia entre hacer una figura de bulto a golpes de martillo y cincel y sacar una estatua vaciándola en un molde. Los escultores y estatuarios trabajan mucho del primer modo para hacer una estatua y gastan en ello mucho tiempo. Mas, para hacerla de la segunda manera, trabajan poco y emplean poco tiempo.

San Agustín llama a la Santísima Virgen molde de Dios: el molde propio para formar y moldear dioses. Quien sea arrojado en este molde divino quedará muy pronto formado y moldeado en Jesucristo y Jesucristo en él: con pocos gastos y en corto tiempo se convertirá en dios, porque ha sido arrojado en el mismo molde que ha formado a Dios.

Paréceme que los directores y devotos que quieren formar a Jesucristo en sí mismos o en los demás, por prácticas diferentes a ésta, pueden muy bien compararse a los escultores que, confiados en su habilidad, industria y arte, descargan infinidad de golpes de martillo y cincel sobre una piedra dura o un trozo de madera tosca para sacar de ellos una imagen de Jesucristo. Algunas veces, no aciertan a representar a Jesucristo al natural, ya por falta de conocimiento y experiencia de la persona del Señor, ya a causa de algún golpe mal dado que echa a perder toda la obra.

Pero a quienes abrazan este secreto de la gracia que les estoy presentando, los puedo comparar con razón a los fundidores y moldeadores que habiendo encontrado el hermoso molde de María, en donde Jesús ha sido natural y divinamente formado, sin fiarse de su propia habilidad sino únicamente de la excelencia del molde, se arrojan y pierden en María, para convertirse en el retrato al natural de Jesucristo.

¡Hermosa y verdadera comparación! Mas, ¿quién la comprenderá? ¡Ojalá tú, hermano mío! Pero, acuérdate de que no se echa en el molde sino lo que está fundido y líquido; es decir, que ¡es necesario destruir y fundir en ti al viejo Adán para transformarte en el Nuevo, en María!

 

  1. La mayor gloria de Jesucristo

 Por medio de esta práctica, observada con toda fidelidad, darás mayor gloria a Jesucristo en un mes, que por cualquier otra, por difícil que sea, en varios años.

Éstas son las razones para afirmarlo:

 1º) Si ejecutas todas tus acciones por medio de la Santísima Virgen, como enseña esta práctica, abandonas tus propias intenciones y actuaciones, aunque buenas y conocidas, para perderte, por decirlo así, en las de la Santísima Virgen, aunque te sean desconocidas. De este modo entras a participar en la sublimidad de sus intenciones, siempre tan puras que por la menor de sus acciones, por ejemplo, hilando en la rueca o dando una puntada con la aguja, dio mayor gloria a Dios que san Lorenzo sobre las parrillas y aun que todos los santos con las acciones más heroicas. Ésta es la razón de que durante su permanencia en la tierra la Santísima Virgen haya adquirido un cúmulo tan inefable de gracias y méritos, que antes se contarían las estrellas del firmamento, las gotas de agua de los océanos y los granitos de arena de sus orillas que los méritos y gracias de María y que haya dado mayor gloria a Dios de cuanto le han dado y darán todos los ángeles y santos. ¡Qué prodigio eres, oh María! ¡Sólo tú sabes realizar prodigios de gracias en quienes desean realmente perderse en ti!

 2º) Quien se consagra a María, por esta práctica, como quiera que no estima en nada cuanto piensa o hace por sí mismo ni se apoya ni complace sino en los méritos de María para acercarse a Jesucristo y dialogar con Él, ejercita la humildad mucho más que quienes obran por sí solos. Éstos, aún inconscientemente, se apoyan y complacen en sus disposiciones. De donde se sigue que el que se consagra totalmente a María, glorifica más perfectamente a Dios, quien nunca es tan altamente glorificado como cuando lo es por los sencillos y humildes de corazón.

 3º) La Santísima Virgen, a causa del gran amor que nos tiene, desea recibir en sus manos virginales el obsequio de nuestras acciones, comunica a éstas una hermosura y esplendor admirables y las ofrece por sí misma a Jesucristo.

Es, por lo demás, evidente, que el Señor es más glorificado con esto que si las ofreciéramos directamente con nuestras manos pecadoras.

4º) Finalmente, siempre que piensas en María, Ella piensa por ti en Dios. Siempre que alabas y honras a María, Ella alaba y honra a Dios por ti. María es toda relativa a Dios. Y yo me atrevo a llamarla “la relación de Dios”, pues sólo existe con relación a Él, o “el eco de Dios”, ya que no dice ni repite sino Dios. Si tú dices María, Ella dice Dios.

Cuando santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada por haber creído. Ella, el eco fiel de Dios, exclamó: Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc. 1, 46). Lo que en esta ocasión hizo María, lo sigue realizando todos los días: cuando la alabamos, amamos, honramos o nos consagramos a Ella, alabamos, honramos y nos consagramos a Dios por María y en María.

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