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La Inmaculada Concepción de María

La Inmaculada Concepción de María

Antonio Royo Marin. [Del del libro «La Virgen María», BAC. Madrid MCMLXVIII]

La Concepción Inmaculada de María y su plenitud de gracias en el momento mismo de su concepción es privilegio exclusivo de María.

«En el orden cronológico, el primero de los grandes privilegios concedidos por Dios a la Santísima Virgen María, en atención a su futura Maternidad Divina, fue el privilegio singularísimo de su Concepción Inmaculada.

Todos los títulos y grandezas de María arrancan del hecho colosal de su maternidad Divina. Ella es inmaculada, llena de Gracia, Corredentora de la humanidad; subió en cuerpo y alma al cielo para ser alli la Reina de los cielos y tierra y la Mediadora universal de todas las gracias, etc, porque es la Madre de Dios. La Maternidad Divina la coloca a tal altura, tan por encima de todas las criaturas, que Santo Tomás de Aquino, tan sobrio y discreto en sus apreciaciones, no duda en calificar su dignidad de en cierto modo infinita.

Siendo esto así, nada debe sorprendernos ni extrañarnos en torno a las gracias y privilegios de Maria, por grandes y extraordinarios que sean. El primero de los cuales en orden cronológico, es el privilegio singularísimo de su Concepción Inmaculada y de la plenitud de gracias con que fue enriquecida su alma en el primer instante de su ser natural.

Expondremos la doctrina definida por la Iglesia en dos conclusiones claras y sencillas:

1.- Por gracias y privilegio singularísimo de Dios omnipotente, en atención a los méritos previstos de Jesucristo Redentor, la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original en el primer instante de su concepción.(Dogma de fe expresamente definido por la Iglesia)

He aquí las pruebas:

a.- La Sagrada Escritura.

No  hay en ella ningún texto explicito sobre este misterio, pero si algunas insinuaciones que, elaboradas por la tradición cristiana y puestas del todo en claro por el magisterio infalible de la Iglesia, ofrecen algún fundamento escriturístico para definición del dogma. Son principalmente las siguientes:

Gen 3,15: Dijo Dios a la serpiente en el paraíso: «»Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; este te aplastará la cabeza»»

Lc 1,28: «»Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo»»

Lc 1,42: «»Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.»»

c 1,49: «»Porque ha hecho en mí maravillas el poderoso, cuyo nombre es santo.»»

No bastan estos textos para probar por si mismos el privilegio de la concepción inmaculada de Maria. pero la bula Ineffabilis Deus, por la que Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada, los cita como remota alusión escriturística al singular privilegio de Maria.

b- Los Santos Padres.

Eximios varones … fueron elaborando poco a poco la doctrina …, que no siempre brilló en la Iglesia con la misma claridad.

               1.- Periodo de creencia implícita y tranquila. Se extiende hasta el Concilio de Efeso (año 431). Los Santos Padres aplican a Maria los calificativos de santa, inocente, purísima, intacta, incorruptible, inmaculada, etc. En esta época sobresalen en sus alabanzas a Maria, San Justino, San Ireneo, San Efrén, San Ambrosio y San Agustín.

        2.- Período inicial de la proclamación explícita. Se extiende hasta finales del Siglo XI. La fiesta de la Inmaculada comienza a celebrarse en algunas iglesias de Oriente desde el siglo VIII; en Irlanda desde el IX y en Inglaterra desde el XI. Después se propaga a España, Francia y Alemania.

        3.- Período de las grandes controversias.(Siglos XII al XIV) Nada menos que San Bernardo, San Anselmo y grandes teólogos escolásticos del siglo XIII y sgtes, como Alejandro de Hales, San Buenaventura, San Alberto magno, Santo Tomas, Enrique de Gante y Egidio Romano, pusieron en duda o negaron el privilegio de Maria, por no hallar la manera de armonizarlo con el dogma de la redención Universal de Cristo. A pesar de su piedad tropezaron con este obstáculo y no pudieron resolverlo. Este aparente conflicto se resolvió después.

          4.- Período de reacción y triunfo del privilegio. (Siglos XIV al XIX) . Iniciado por Guillermo de Ware y por Escoto se abre el periodo de reacción contra la doctrina que negaba o ponía en duda el privilegio de Maria, hasta ponerlo del todo en claro y armonizarlo perfectamente con el Dogma de la Redención universal de Cristo. Con algunas alternativas hasta su proclamación definitiva por Pio IX el 8 de diciembre de 1854.

       5.- El Magisterio de la Iglesia. He aquí el texto emocionante de la declaración de Pío IX:

Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las súplicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda la corte celestial e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito e inspirándonoslo él mismo:

Para honor de la santa e individua Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con nuestra propia, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, por gracia y privilegio singular de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles.

Por lo cual, si algunos – lo que Dios no permita – presumieren sentir en su corazón de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepan y tengan por cierto que están condenados por su propio juicio, que han naufragado en la fe y que se han separado de la unidad de la Iglesia»» (D 1641)

Roma locuta est, causa finita est.

c.- La razón teológica.

 ….. De dos maneras se puede redimir a un cautivo: pagando el precio por su rescate para sacarlo del cautiverio en el que ya ha incurrido (redención libertatoria) o pagándolo anticipadamente, impidiéndole con ello caer en el cautiverio (redención preventiva). Esta ultima es una verdadera y propia redención, mas autentica y profunda todavía que la primera, y esta es a que se aplicó a la Santísima Virgen maría. Dios omnipotente, previendo desde toda la eternidad los méritos infinitos de Jesucristo redentor rescatando al género humano con su sangre preciosísima, derramada en la cruz, aceptó anticipadamente el precio de ese rescate y lo aplicó a la Virgen María en forma de redención preventiva, impidiéndola contraer el pecado original, que como criatura humana descendiente de Adán por vía de generación natural, debía contraer y hubiese contraído de hecho sin ese privilegio preservativo. Con lo cual la Virgen María recibió de lleno la redención de Cristo – más que ningún otro redimido – y fue, a la vez, concebida en gracia, sin la menor sombra de pecado original. Este es el argumento teológico fundamental, recogido en el texto de la declaración dogmática de Pío IX.

El argumento de Escoto era: Potuit, decuit, ergo fecit. (Dios pudo hacer inmaculada a su madre, era conveniente que la hiciera, luego lo hizo). Y otro argumentos del tenor siguiente:

– La Reina de los ángeles bajo la tiranía del demonio, vencido por ellos?

– Mediadora de la reconciliación y enemiga de Dios un solo instante?

– Eva, que nos perdió, fue creada en gracia y justicia original, y María, que nos salvó, fue concebida en pecado?

– La sangre de Jesús brotando de un manantial manchado?

– La Madre de Dios esclava de Satanás?

2.- La Santísima Virgen María fue, por especial privilegio de Dios, enteramente inmune durante toda su vida de todo pecado actual, incluso levísimo. (de fe implícitamente definida)

He aquí la definición implícita del Concilio de Trento:

«Si alguno dijese que el hombre, una vez justificado, no puede pecar en adelante ni perder gracia y, por tanto, el que cae y peca no fue verdaderamente justificado; o al contrario, que puede evitar durante su vida todos los pecados, aun los veniales, si no es por especial privilegio de Dios, como de la bienaventurada Virgen lo enseña la Iglesia, sea anatema» (D 833)

Dice Santo Tomás, el doctor Angélico:

«A los que Dios elige para una misión determinada, les prepara y dispone de suerte que la desempeñen idónea y convenientemente, según aquello de San Pablo: Nos hizo Dios ministros idóneos de la nueva alianza (2 Cor 3,6)»

….

 (María) … no sería idónea Madre de Dios si alguna vez hubiera pecado, aunque fuera levemente, y ello por tres razones:

a.- Porque el honor de los padres redunda en los hijos, según se dice en los proverbios: Gloria de los hijos son sus padres (Prov 17,6); luego, por contraste y oposición, la ignominia de la Madre hubiera redundado en el Hijo.

b.- Por su espacialísima afinidad con Cristo, que de ella recibió la carne. Pero dice San Pablo a los Corintios: «»¿Qué concordia puede haber entre Cristo y Belial?»» (1 Cor 1,24)

c.- Porque el Hijo de Dios, que es la Sabiduría Divina, habitó de un modo singular en el alma de María y en sus mismas entrañas virginales. pero en el libro de la Sabiduría se nos dice: «»En el alma maliciosa no entrará la Sabiduría, ni morará en cuerpo esclavo del pecado»» (Sab 1,4)

Hay que concluir, por consiguiente, de una manera absoluta, que la bienaventurada Virgen maría no cometió jamás ningún pecado, ni mortal, ni venial, para que en Ella se cumpla lo que se lee en el Cantar de los Cantares: «»Toda hermosa eres, amada mía, y no hay en ti mancha alguna»» (Cant 4,7)

Por estas mismas razones hay que decir que la Santísima Virgen maría no cometió jamás la menor imperfección moral. Siempre fue fidelísima a las inspiraciones del Espíritu Santo y practicó siempre la virtud con la mayor intensidad que en cada caso podría dar de sí y por puro amor de Dios, o sea con las disposiciones mas perfectas con que puede practicarse la virtud.

Conclusiones teológicas

A las dos conclusiones definidas por la Iglesia … la teología tradicional ha deducido lógicamente otras consecuencias que constan en el depósito de la tradición cristiana y puede justificarlas perfectamente la razón teológica.

1.- La Santísima Virgen fue enteramente libre del «»fomes peccati»», o sea, de la inclinación al pecado, desde el primer instante de su concepción Inmaculada.

2.- La Santísima Virgen María no sólo no pecó jamás de hecho, sino que fue confirmada en gracias desde el primer instante de su inmaculada concepción y era, por consiguiente, impecable.

3.- La Santísima Virgen María en el primer instante de su concepción inmaculada fue enriquecida con una plenitud inmensa de gracia, superior a la de todos los ángeles y bienaventurados juntos.

Al respecto de esta tercera conclusión cita: La bula Ineffabilis Deus, por la que Pio IX proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, comienza con el siguiente párrafo:

«»El inefable Dios, cuya conducta es misericordia y verdad, cuya voluntad es omnipotencia y cuya sabiduría alcanza de límite a límite con fortaleza y dispone suavemente todas las cosas, habiendo previsto desde toda la eternidad la ruina lamentabilísima de todo el género humano, que había de provenir de la trasgresión de Adán, y habiendo decretado, con plan misterioso escondido desde la eternidad, llevar a cabo la primitiva obra de misericordia, con plan todavía mas secreto, por medio de la encarnación del verbo, para que no pereciese el hombre, impulsado a la culpa por la astucia de la diabólica maldad, y para que lo que iba a caer n el primer Adán fuese restaurado mas felizmente en el segundo, eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su Unigénito Hijo, hecho carne de Ella, naciese en la dichosa plenitud de los tiempos; y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola Ella se complació con señaladísima benevolencia. Por la cual, tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas, sacada del tesoro de la divinidad, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, libre siempre absolutamente de toda mancha de pecado y toda hermosa y perfecta, manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios»»

La plenitud de la gracia de María lleva consigo, naturalmente, la plenitud de las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo, así como también de las gracias carismáticas que eran convenientes a la dignidad excelsa de la Madre de Dios, tales como la ciencia infusa, el don de profecía, etc.

Nótese, finalmente, que la Concepción Inmaculada de María y su plenitud de gracias en el momento mismo de su concepción es privilegio exclusivo de María. La santificación en el seno materno – pero después de concebidos en pecado – puede afectar también a otros, como nos dice la Escritura de jeremías (cf. Jer 1,5) y Juan el bautista (Lc 1,15). Estos, según Santo Tomás, fueron santificados y confirmados en gracias antes de nacer, pero sólo con relación al pecado mortal, no al venial.

Biografía del padre Antonio, aquí.

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