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Nuestra Señora de la Luz

Nuestra Señora de la Luz
“Y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.” (Evangelio según San Lucas 2,35)
“La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.” (Evangelio según San Juan 3, 19-21)

Era necesario que el Señor fuera levantado en alto en la Cruz, de lo cual fue figura la serpiente que levantó Moisés en el desierto, para que la Salvación llegara a todos los hombres. Y en medio de la insensatez que lo levantó en alto, pensando que triunfaban cuando el que triunfaba y reinaba era El, era también necesario que Ella estuviera al pie de la Cruz. De pié. La Mujer en alto. Distinto a aquella Eva que cayó por tierra.

Una hija de reyes está de pie a tu derecha: es la Reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir. (Salmo 445,10)

No es posible acercarse a la Luz si uno no se deja revestirse de esa misma Luz. Y de las innumerables personas que miraban alrededor de la cruz solo Ella se mantuvo en pie. Y por Ella, el discípulo amado también se mantuvo en pie.

Las comunidades cristianas que han olvidado a Maria, terminan tarde o temprano olvidando a la Cruz. Pues para mantenernos en pie cerca de la cruz, necesitamos a Maria. La Reina a la derecha del Rey. Adornada con las mismas joyas de dolor del Rey. Las llagas exteriores e interiores de Cristo adornando el Corazón Inmaculado y lacerado de la Madre.

En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios (San Juan 3,21)

Y en su Corazón traspasado de dolor están las innumerables espadas de quienes ponen de manifiesto las verdaderas intenciones de sus corazones. Intenciones que se disfrazan de luz pues dicen querer y aspirar al Cielo, pero salteándose la Cruz del Maestro e ignorando a su Madre. ¿No se acercan a Ella por temor a que sus obras sean descubiertas …? (cfr. San Juan 3,20)

Danos Señor un corazón semejante al tuyo. Haznos dignos de llamarnos discípulos tuyos e hijos de tu Madre. Haz que vivamos cerca de tu Luz, a ejemplo de Maria. Derrama Señor, en medio de la insensatez de un mundo que te sigue condenando, la sensatez del amor, el silencio y la fidelidad de la Santa Madre de Dios.

– Claudio* –
Sábado, 21 de Marzo de 2009
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