! Esta advocación de la Virgen María se esta cargando ...

" "Por tanto, ha de procurar el predicador ser humilde como María; ser casto, como María, y fervoroso, como María." " ( San Antonio Maria Claret )

[ ]  María Madre de Dios ::  Advocaciones de la Virgen [ ]

 

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento

1868

Francia

 

Un apóstol eminente de la Eucaristía, san Pedro Julián Eymard, es también un fiel devoto de la Virgen María.  Ella ha tenido un lugar especial en su vida y, al final de su camino, la ha honrado con un título particular, el de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.

 

La devoción del P. Eymard hacia la Virgen María  tiene sus raíces en su infancia y se revela en los acontecimientos, ligados a menudo,  a los santuarios marianos. Vamos a evocar los que marcaron su vida de manera especial.

 

1.- Laus o la ternura de una madre.

El primer santuario mencionado, y  el más querido de su corazón,  fué  el de  Laus. Situado a 80 kilómetros de La Mure, en la diócesis de Gap, Notre-Dame de Laus  era, después del siglo 17, un centro de peregrinación  que destacaba en  Provence, Dauphiné.  A la edad de once añós, Pedro Julián, llega allí, solo, y mendigando el pan.  Fue allí, dirá más tarde, donde, por primera vez, conocí y amé a María.

Magdalena Pelorce, su madre,  no dejó de inculcarle una tierna devoción a María. Sin ninguna duda, la  de Laus, será una experiencia espiritual que   le marcará para toda la vida. Las condiciones de vida en Matheysihne eran duras,  y no menos  rudas  las formas de piedad en los comienzos del siglo 19, marcado todavía por el rigorismo jansenista.  En Laus, María  le enseña a Pedro Julián a abrirse al amor.  Hace la primera comunión a la edad de doce añós,  y  él manifiesta su deseo de ser sacerdote, aunque su padre se oponga a su aspiración.  En una nueva peregrinación a Laus Pedro

 

Julián recibe, del Padre Touche, la confirmación de su vocación y la gracia de comulgar todos los domingos, - una excepción en aquella época...

 

Más decidido que nunca, se pone a aprender latín,  solo,  a escondidas de su padre. En el mes de agosto de  1828, estando al servicio de un sacerdote en el hospicio de Saint-Robert, a las puertas de Grenoble, se entera accidentalmente de la muerte de su madre. Se dirige rápidamente a la capilla del hospicio para  encomendarse a María. "Bendije   a  Ntra. Sra. De Laus, anotará más tarde,  y el día en  que la  tomé por madre cuando murió mi pobre madre, le pedí, postrado a sus pies en la capilla de Saint-Robert, la gracia de ser un día sacerdote. (17 de marzo de 1865)  A partir  de esta época, escribirá más tarde,  experimenté siempre, la protección de María,  de una manera muy especial, (3 de septiembre de 1839)

 

Poco después, parece que se va a realizar su ideal:  porque entrará en los Oblatos de María inmaculada en Marsella.  Pero su estancia en el noviciado va a ser breve por falta de salud.  Tendrá que esperar un largo período de convalecencia y la  muerte de su padre para entrar, por fin,  en 1831,  en el seminario mayor de Grenoble. Ordenado sacerdote el 20 de julio de 1834,  durante su ministerio como vicario de Chatte, recibe una gracia particular en el calvario de Saint-Romans: aprende rogresivamente  a ver las cosas  a partir de la bondad de Dios hacia los hombres. Sin duda su devoción mariana  le ha conducido a este  aspecto positivo de la vida  cristiana.

 

2.- Fourvière o el lugar de una llamada

Su entrada en los Maristas en 1839  llena sus expectativas: llegar a ser religioso en una Sociedad que lleva el nombre de María y que es su familia de una manera muy especial. Hace su noviciado en Lyón, durante algunos meses, y desde entonces, el santuario de Ntra. Sra. De Fourvière se convierte  en su lugar privilegiado de oración: sube allí por lo menos dos veces a la semana. En su retiro de entrada en el noviciado, escribe:  He sentido en mí un gran deseo de vivir de la vida de la Santísima Virgen y de hacer un estudio continuado de su humildad, de  su obediencia y de su amor divino; de  pedir las luces del Espíritu santo por María para conocer la voluntad de Dios  sobre mí... para obtener el espíritu de la Sociedad de María. ( 28 de agosto 1839)   Se inicia en  la vida escondida de María en Nazareth y  en el espíritu de la primera comunidad cristiana de Jerusalén.

 

Por medio de esta vida escondida  y desconocida - un tema querido del Padre Colin -  es como se va  manifestando sucesivamente en su vida   la voluntad de Dios,.  El Padre Eymard asimilará esta espiritualidad y sabrá transmitirla a través .de sus múltiples ministerios. Director espiritual en Belley, después superior en La Seyne,  forma a los jóvenes en una confianza filial hacia María y  enrola a los más generosos en la Congregación de la Virgen.  De la misma forma en Lyon, de 1845 a 1851,  será con los seglares  de la Tercera Orden de María que se esforzará en formarles en una vida espiritual sólida. Es durante este período, en 1846, que la Virgen se manifiesta en La Salette, no lejos de La Mure. El Padre Eymard será el apóstol celoso del mensaje  y el peregrino fiel del nuevo santuario. Lyon marca una etapa importante en su caminar.

 

En el Corpus de 1845,  experimenta una atracción eucarística muy fuerte que va a marcar  su ministerio. El 21 de enero de 1851, estando orando en Fourvière, recibe la inspiración de consagrarse a una obra  eucarística. Descubre que la Eucaristía es el remedio a la indiferencia religiosa y a  la increencia moderna. Una nueva gracia en La Seyne-sur-Mer, el 18 de abril de 1853, le confirma  en su  deseo. Orienta a los jóvenes, se prepara con  los sacerdotes y laicos para crear una nueva obra eucarística.  En realidad, su proyecto quedará corto, pero tiene la conciencia de que la Virgen María le está guiando hacia esta vocación nueva, que siente en su corazón.

 

Cuando queda claro que la obra no se puede  realizar en el interior de la Sociedad de María y que era preciso abandonar su familia religiosa, confesará que ha sido María quien le ha  guiado en todo. A pesar de las rupturas, el Padre Eymard percibe la continuidad   y  el papel especial de María. Su consagración a María le ha conducido a consagrarse a la Eucaristía.

 

3.-En  el cenáculo,  con María.

Meditando sobre María, durante su gran retiro de Roma, anota en efecto: Le debo (a María)la perseverancia, la vocación, sobre todo la gracia del Santísimo Sacramento. Ella me ha dado a su Hijo como su servidor, su hijo predilecto. (11 de marzo de 1865)

 

O todavía poco después: ¡ Cómo (María) me ha conducido de la mano, solo, hasta el sacerdocio! ¡Después, al Santísimo Sacramento! (17 de marzo 1865) De Nazareth, Jesús fue al Cenáculo, y María fijó allí su estancia, escribe a Margarita Guillot, a la sazón directora de la Tercera Orden de María en Lyon.  Yo quisiera que Ud. se  pusiera a  los pies del Señor, para que  le colocara en el corazón una palabra para Ud. y para mí. (Uno de enero de 1855)  Una vez que la Congregación fue aprobada por el Arzobispo de París, le escribió para invitarle a unirse a su obra: En cuanto a las mujeres, está como parado, es decir que, no quiere asociar a ninguna comunidad ya existente con su espíritu y sus obras,  sino formar verdaderos adoratrices de Jesús Eucarístico según el modelo de Nuestra Señora del Cenáculo,  adorando y viviendo  alrededor del divino tabernáculo (20 de septiembre de  1865)

 

Esta referencia al Cenáculo marca una nueva etapa. Nos referimos al Cenáculo de Jerusalén. En el siglo 19, en el que la piedad mariana estaba fuertemente marcada por las revelaciones de María de Agreda, el Padre Eymard se  imaginaba a María comulgando de la mano de san Juan y en adoración permanente ante el tabernáculo. Hoy día  pensamos  de distinta  manera. Pero persiste la intuición profunda. Después de la Ascensión, María  vivió en el seno de la comunidad cristiana,   siendo al mismo tiempo  miembro  e icono de la Iglesia. Ella está presente, aunque  no se la nombra  en la primera comunidad de Jerusalén, de la que los Hechos nos ofrecen una relación ejemplar:  Eran asiduos en la enseñanza de los apóstoles, fieles en la comunión fraterna y en la fracción del pan y en las oraciones. (Hechos 2,42)

 

Para atenernos a la enseñanza del Padre Eymard a los miembros de sus Institutos, basta anotar los siguientes  textos. A sus religiosos, les prescribe: Honrarán con una devoción especial  la vida de adoración de la santísima Virgen María  en el Cenáculo, totalmente entregada a la salvación del mundo,  y compartirán su amor a  Nuestro Señor Jesucristo, y su dedicación a su gloria. Const. 1864,1,24:1).  Para las Siervas del Santísimo Sacramento escribía: Se inspirarán en la vida de María en el Cenáculo, donde, dichosa y  fiel sierva del  Dios de la Eucaristía, permanecía toda recogida, en su presencia sacramental,  dedicada  al cuidado del altar  y  al culto, abrasada en deseos de su gloria y amor sobre la tierra. (Const., 1864,1,6:2)  Esta insistencia sobre el  Cenáculo no es sino un recuerdo histórico. En el caminar del Padre Eymard, el término  "Cenáculo" reviste valor simbólico.

 

En 1864, se forjó el audaz proyecto - por no decir  una locura - de adquirir el Cenáculo de Jerusalén, para formar  allí un centro de adoración eucarística. Durante su larga estancia en Roma  del 1865 al 1865,  para  seguir de cerca este proyecto, pasó nueve semanas en retiro, esperando la respuesta. Descubrió entonces que lo que importaba, no era ya el santuario del Cenáculo o la creación de una comunidad en Jerusalén, sino el "Cenáculo interior".  Recibió la gracia,  de forma  muy especial, con el voto del don de su personalidad, que hizo el 21 de marzo de 1865.  Su meditación del 25 de marzo sobre el amor de Dios y la Encarnación, es continuada al día siguiente, con la adoración de la santísima Virgen del Verbo encarnado.  ¡O si yo pudiera adorar a Nuestro Señor, escribía, como le adoraba esta buena Madre!. María se convierte en el icono de la Iglesia en oración.

 

En esta última etapa de su caminar mariano, no se trata  de un acontecimiento ligado a un santuario, sino de una lectura profunda de la Palabra de Dios donde se celebra el misterio singular que  une a María,  con la Iglesia y la Eucaristía.

 

Poco antes de su muerte,  el uno de mayo 1868, inaugurando el mes de María  en el noviciado de Saint-Maurice, cerca de París, el Padre Eymard  invitó a sus hijos e hijas a honrar a María  con el nombre de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, como último testimonio de su piedad mariana  y  eucarística.

La vida de María son: veinticinco años de adoración a la Eucaristía, treinta y tres de adoración al Verbo bajo el velo de la humanidad. Pero en ambos casos, la misma fe y el mismo cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Toda la vida de María fue una íntima unión con Dios, un estado de oración en grado incomprensible, ya que tenía la plenitud de gracia y es la única persona que está insertada en la familia divina, de la que ella es Madre, Hija y Esposa. Si son muchos los títulos que tiene María, ¡qué bien le encaja el de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento! Su Santidad Pío X, bendijo tan glorioso nombre y el 30 de diciembre de 1905 concedió 300 días de indulgencias a todos los que rezaren esta oración jaculatoria ante el Santísimo Sacramento expuesto: "Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, rogad por nosotros", y el 9 de diciembre de 1906, igual indulgencia, aplicable a las almas del purgatorio, cada vez que con corazón contrito y santo, se rezare la oración siguiente: "¡Oh Virgen María, Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, gloria del pueblo cristiano, alegría de la Iglesia universal y salud del mundo! rogad por nosotros y despertad en todos los fieles la devoción hacia la Santísima Eucaristía, para que se hagan dignos de comulgar diariamente.".

 

:: Volver a la página anterior ::

 

:: Ver todos las advocaciones publicadas ::

 

Libreria

 

483481 lecturas.

 [ Index Home  ]  [ Las Coronas de María  ]  [ La Devoción a María  ]  [ María en la Biblia  ]  [ María en la Iglesia  ]

[ María y los Santos  ]  [ María entre nosotros  ]  [ Canal Youtube  ] [ Mapa del sitio  ]

[ Sobre esta web  ] [ Publica tu Testimonio ] [ Firma el Libro de visitas ] [ Contacto ]