" “Oh María ... Tú sola has triunfado de todas las herejías de este mundo. Oh Madre, en nuestras angustias... líbranos del enemigo y en la hora de nuestra muerte llévanos al Paraíso. Así sea”" ( San Juan Bosco )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En el Magisterio de la Iglesia

 

El papel eminente de la Virgen madre de Dios

 

 Papa Juan Pablo II - (1920 - 2005)

Su Santidad Juan Pablo II ocupó el sillón de Pedro más de 26 años y 5 meses, el tercer pontificado más largo en los alrededor de 2.000 años de historia de la Iglesia Católica Romana.

  ( Leer historia de Papa Juan Pablo II  )

 

 

Tercera sesión pública de las Academias Pontificias. Discurso del Santo Padre a los participantes. Noviembre de 1998.

Señores Cardenales;
Señores Embajadores;
Ilustres Académicos Pontificios;
Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Esta tercera sesión pública de las Academias Pontificias es para mí un grande motivo de felicidad, porque me da la oportunidad de un encuentro con ustedes en torno a María, modelo e Icono de la humanidad Redimida por Cristo. Saludo especialmente al Señor Cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo de Coordinación entre las Academias Pontificias, y le agradezco las amables palabras que acaba de dirigirme en nombre de todos. Saludo, asimismo, a los señores Cardenales, a los venerados hermanos en el episcopado, a los señores embajadores presentes, a los sacerdotes, a los consagrados y consagradas y a los ilustres miembros de las Academias pontificias. Saludo, por último, al profesor Bruno Cagli, presidente de la Academia Nacional de Santa Cecilia, y doy cordialmente las gracias a los componentes del coro juvenil de esa Academia, dirigidos por el maestro Martino Faggiani, que hacen más solemne aún este encuentro con su magistral ejecución de conocidas piezas musicales inspiradas en el amor del pueblo cristiano a María santísima.

2. En efecto, esta solemne sesión es en verdad motivo de alegría intelectual y espiritual, porque subraya la contribución de las Academias pontificias, al humanismo cristiano, en el umbral del tercer milenio presentando a la Virgen María, como Icono y modelo del humanismo cristiano.

La atención dirigida a ella se ha enriquecido también con las contribuciones teológicas que han dado los ilustres relatores sobre los diversos aspectos de su papel en la historia de la salvación. La reflexión sobre el hombre que se ha desarrollado en las diferentes culturas a lo largo de los siglos ha tenido un extraordinario incremento gracias a la confrontación con el misterio de Jesús, Verbo de Dios que se encarnó en el seno de María. En el nuevo horizonte cognoscitivo que la Revelación abrió destaca el papel eminente de la Virgen, Madre de Dios.

En la carta a los Gálatas, san Pablo escribe: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva" (Ga 4, 4-5). Esas palabras del Apóstol nos llevan al centro mismo de la historia: en la "plenitud de los tiempos", el Hijo de Dios nació de una mujer, María de Nazaret, que participó de modo único en el misterio del Verbo al dar a luz en el tiempo al Hijo engendrado por el Padre desde la eternidad.

3. María es hija del pueblo elegido y, por eso mismo, hija de su cultura, enriquecida por el encuentro milenario con la palabra de Dios: es la mujer que participa activamente en el primer milagro de Jesús, en Caná, manifestando su gloria (cf. Jn 2, 1-12), y está presente en el Gólgota, donde él la señala como Madre del discípulo amado y Madre nuestra.

Los evangelios y la tradición cristiana nos enseñan a reconocer en ella la sede en la que se realizó históricamente la Encarnación. Desde hace dos mil años la vida de Jesús y el anuncio de la buena nueva de la salvación tienen una dimensión exquisitamente mariana. La Virgen Madre está cercana al corazón de los hombres de todos los tiempos y culturas, como lo atestiguan las obras maestras del genio humano que han florecido en todas las épocas de la historia.

4. El Nuevo Testamento presenta a la Virgen como una mujer extraordinaria en la sencillez de su existencia. Los Padres de la Iglesia, maestros de espiritualidad cristiana, expresaron la fe de la comunidad de los creyentes, poniendo de relieve las verdades que atañen al papel específico y excepcional que desempeña María. Ella es la Theotókos, la Deipara, la Madre de Dios, a quien la Iglesia honra con un "culto especial" (Lumen gentium, 66).

En el umbral del gran jubileo del año 2000, me complace recordar el inmenso tesoro de amor, devoción y arte que, en el arco de dos milenios, han testimoniado las Iglesias orientales. Honran a María santísima, la Theotókos, también con otros espléndidos títulos, como Panaghia, Toda Santa; Hiperagionorma, Santa más allá de todo límite; Platythera, Inmensa; Odigitria, la que indica el camino; Eleousa, la llena de misericordiosa ternura. La tradición mariana oriental contempla, venera y canta las alabanzas de la Virgen, cuyos iconos recuerdan a todos que la Madre de Dios es la imagen elegida de la humanidad redimida por Cristo. Por tanto, en su riquísimo patrimonio mariano, las Iglesias de Oriente no sólo nos ofrecen un camino ecuménico, sino también un modelo de humanismo cristiano.

5. Por lo que se atañe a Occidente, la teología, la espiritualidad y el arte, para honrar a la Madre de Dios y poner de relieve su maternidad espiritual universal, hacen referencia a los misterios de la santísima Trinidad y del Verbo encarnado. Su unión con Cristo es el arquetipo de la unión de la Iglesia y de cada cristiano con el Redentor. Los discípulos del Señor, al reflexionar en esa unión, comprendieron enseguida que María santísima es la primera entre los redimidos, imagen perfecta de la redención. A este propósito, el beato Juan Duns Escoto, cantor de la Inmaculada Concepción, escribió: "Por tanto, si Cristo nos reconcilió plenamente con Dios, mereció que a alguien se le evitara este gravísimo castigo. Esto sólo pudo ser en favor de su Madre" (Opus Oxoniense, III, d. 3, q. 1). Me alegra que la Pontificia Academia Mariana internacional y el Pontificio Ateneo "Antonianum" hayan instituido una cátedra de estudios mariológicos dedicada a este gran teólogo.

6. En la misma línea de la exhortación apostólica Marialis cultus de mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI, quise reafirmar en la encíclica Redemptoris Mater el vínculo esencial que existe entre María y la Iglesia, poniendo de relieve su misión en la comunidad de los creyentes. En la exhortación apostólica Mulieris dignitatem recordé también que María ilumina y enriquece el humanismo cristiano que se inspira en el Evangelio, porque, además de los diversos aspectos de la humanidad nueva que se realiza en ella, manifiesta la dignidad y el "genio" de la mujer. Elegida por Dios para el cumplimiento de su designio de salvación, María nos ayuda a comprender la misión de la mujer en la vida de la Iglesia y en el anuncio del Evangelio.

Esta dimensión antropológica, que no puede estar ausente en la nueva Evangelización, será motivo de estudios posteriores especialmente durante el 20º. Congreso Mariológico – Mariano Internacional, organizado por la Pontificia Academia Mariana Internacional en el 2000, en Roma, como cierre de un siglo de congresos Marianos con el tema "María y el Misterio de la Santísima Trinidad".

7. Amadísimos hermanos y hermanas, acogiendo la propuesta del consejo de coordinación entre las Academias pontificias, me alegra ahora entregar el premio de las Academias pontificias a la doctora Deyanira Flores Gonzalez, de Costa Rica, por su trabajo en Mariología titulado: "La Virgen María al pie de la cruz (Jn 19, 25-27) en Ruperto de Deutz", presentado en la Pontificia Facultad Teológica "Marianum". La autora es la primera doctora en Mariología de Costa Rica, donde ha iniciado la enseñanza de esta disciplina teológica, dedicándose a la difusión de los estudios de Mariología en su país y en otros de América Latina.

En su tesis, demuestra como Ruperto interpreta la Sagrada escritura con la Sagrada Escritura para deducir la maternidad espiritual de María, que en el calvario da a luz a Cristo como primogénito de entre los muertos, convirtiéndose así también en Madre del pueblo Cristiano. Volviéndose en realidad la primera investigadora primero en el método y después en la sustancia del argumento. Ella logra resaltar la originalidad de Ruperto. Logra hacer coincidir la hora de María con la hora de Jesús en el parto espiritual y doloroso bajo la cruz; el cumplimiento del parto físico y glorioso de María en Belén, ciudad en la que la Virgen da a luz a Jesús, destinado a morir por nosotros; en el calvario María coopera al nacimiento del hijo de Dios, cuyo poder nos salva, por tanto coopera a nuestro nacimiento como hijos de Dios en Cristo. Mientras la Iglesia genera en el Bautismo a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, María, activamente al lado del crucificado, genera, en su Fe en la resurrección futura, Cristo mismo, cabeza del cuerpo Místico. Por tanto, el aporte de Ruperto a la doctrina católica de la maternidad de María es parte de la tradición viva de la Iglesia, señalada en los números 53, 57, 58 y 61 de la constitución Dogmática "Lumen Gentium", y que yo os he querido proponer en mi exhortación apostólica "Mulieris Dignitatem", sea en mi discurso del 15 de enero de 1984, sobre el tema de la espada anunciada por el anciano Simón.

Finalmente, el Consejo de Coordinación entre las Academias Pontificias ha querido proponerme premiar y estimular a los autores de dos tesis por haber conseguido el doctorado.

Con mucho gusto quiero entregar también, como signo de estima, una medalla de mi pontificado a dos personas que acaban de obtener el doctorado: la señora Marielle Lamy, francesa, por su tesis: "El culto mariano entre doctrina y devoción: etapas y desafíos de la controversia sobre la Inmaculada Concepción en la Edad Media (siglos XII-XV)", presentada en la Universidad París X Nanterre; y al padre Johannes Schneider, franciscano austríaco, por su tesis "Virgo Ecclesia facta: la presencia de María en el ‘Crucifijo’ de san Damián y en el ‘Officium Passionis’ de san Francisco de Asís", presentada en el Pontificio Ateneo "Antonianum" de Roma.

Como es sabido, el premio de las Academias pontificias, instituido hace dos años, quiere alentar a jóvenes universitarios, artistas e instituciones a contribuir al desarrollo de las ciencias religiosas, del humanismo cristiano y de sus expresiones artísticas. Expreso, en particular, mi deseo de que un renovado compromiso de los estudiosos en el campo de la investigación mariológica ponga de relieve los aspectos del humanismo fecundado por el Espíritu de la gracia, cuyo modelo e icono es María santísima.

Con estos sentimientos, os imparto de corazón a vosotros, a vuestras familias y a vuestros seres queridos, una especial bendición apostólica.

 

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