" “Madre de gracia y de misericordia, yo te escojo por madre de mi alma te tomo y reconozco como mi soberana, y, como tal, te doy sobre mi alma y sobre mi vida todo el dominio que puedo darte bajo Dios”" ( San Juan Eudes )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En los Santos y Padres de la Iglesia

 

Canto a las excelencias de María

 

 San Germán de Constantinopla - (m. 733)

Obispo. Contemporaneo de San Juan Damasceno. Defendió el culto de las imagenes contra el emperador León el Isaurico, que lo habia prohibido. Tuvo que renunciar al episcopado y, retirado en su casa paterna, vivió dedicado a la oración. Escribió obras dogmáticas, discursos, etc. y compuso himnos. La Iglesia honra su memoria el 12 de mayo.

  ( Leer historia de San Germán de Constantinopla  )

 

 

De la homilía en la Presentación de la Madre de Dios.

Salve, María, llena de gracia, más santa que los santos, más alta que los cielos, más gloriosa que los querubines, más digna de honor que los serafines, más venerable que todas las creaturas.

Salve, Paloma que nos trae el fruto del olivo y nos anuncias a Aquél por quien somos preservados del diluvio universal, y que es para nosotros el puerto de salvación; tus alas tienen la blancura de la plata, y en tu dorso fulgura el oro y los rayos del Espíritu Santo, del Espíritu iluminador.

Salve, Paraíso de Dios, jardín espiritual sumamente agradable, plantado en el Oriente por la mano benigna y omnipotente del mismo Dios, que exhala en honor suyo el olor suave del lirio, y produce la rosa de inalterable belleza para la curazión de los que, del lado del Occidente, habían bebido hasta las heces de la amargura de una muerte desastrosa y funesta para el alma; paraíso donde florece, para el conocimiento de la verdad, el árbol de la vida que da la inmortalidad a los que prueban su fruto.

Salve, Edificio Sacrosanto, Inmaculado, Purísimo Palacio de Dios Rey Soberano, adornado en su derredor por la magnificencia de este mismo Rey Divino. Este palacio ofrece hospitalidad a todos y los conforta con místicas delicias; en su recinto se halla el tálamo del Esposo espiritual, no fabricado por la mano del hombre, y resplandeciente con variedad de ornatos; allí el Verbo, cuando quiso llamar a la humanidad extraviada, se unió a la carne, para reconciliar con su Padre a los que por causa de su propia voluntad habían sido desterrados.

Salve, monte de Dios feracísimo, en el cual fue alimentado el Cordero lleno de sabiduría que llevó nuestros pecados y dolencias; monte del cual se desprendió sin ser tocada por mano alguna, aquella piedra que destrozó las aras de los ídolos, y quedó constituida piedra angular admirable a nuestros ojos.

Salve, Trono Santo de Dios, Altar Divino, Casa de Gloria, Ornamento sumamente hermoso, tesoro elegido, propiciatorio de todo el universo y cielo que publica la gloria de Dios. Salve urna hecha de oro puro, que contiene la dulzura más suave de nuestras almas, o sea Cristo, el verdadero maná. Virgen Purísima y Dignísima de toda alabanza y obsequio, Templo Consagrado a Dios, superior en excelencia a toda creatura, tierra intacta, campo fecundo no cultivado, viña la más florida, fuente que mana agua abundante, Virgen fecunda y Madre sin concurso de varón, tesoro oculto de inocencia y hermosura toda santa.

Con tus preces, las más aceptas y las más poderosas, y con tu materna autoridad ante el Señor y Dios Creador de todas las cosas, que es tu Hijo, engendrado de ti sin que tuviera padre en la tierra, te rogamos que dirijas el gobierno del orden eclesiástico, y nos conduzcas a puerto tranquilo.

Reviste a los sacerdotes espléndidamente de justicia y de los sentimientos de una fe probada, pura y sincera.

A los principes cristianos para quienes eres, con preferencia al esplendor de la púrpura, del oro o de las perlas y piedras preciosas, la diadema, el manto real y la gloria más sólida, dirígelos en su gobierno tranquila y prósperamente.

... Confirma en la fe a los pueblos a fin de que perseveren, según el precepto de Dios, en la obediencia y en una suave dependencia.

Corona con el honor de la vistoria a esta ciudad que te está consagrada, la cual te considera como su torre y fundamento. Guarda, rodeándola de fortaleza, la morada de Dios; conserva siempre el decoro del templo; libra a los que te alaban, de todo peligro y aficción de espíritu; da libertad a los esclavos; sé el alivio de los caminantes provados de refugio y de todo socorro.

Alarga tu mano auxiliadora a todo el universo, a fin de que celebremos tus fiestas con gozo y exultación, y todas terminen como ésta que estamos celebrando, dejñandonos frutos espléndidos en Jesucristo, Reu del universo y nuestro verdadero Dios, a quien sea la gloria y el poder juntamente con el Padre, el Santo Principio de la Vida, y con el Espíritu coeterno, consustancial y que reina con El, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

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