" ¡Implorándola no te desesperarás! ¡Pensando en Ella no te descarriarás! Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir." ( San Bernardo de Claraval )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En los Santos y Padres de la Iglesia

 

Imitacion de María 1

 

 Beato Tomás de Kempis - (1379 - 1471)

Ahora bien, por un incomprensible descuido, al ordenar los escritos de Tomlas de kempis, no se reparó en la conveniencia de reunir en un volumen los referidos al tema mariano tal como se efectuó con la Imitación de Cristo respecto de los textos acerca del Hijo de Dios. Fue un grave error porque quedaron sepultadas en el olvido muchas páginas estupendas; pero también porque se les sustrajo a los fieles la posibilidad de seguir un admirable ejemplo de santidad, digmanete propuesto por un autentico maestro de espiritualidad. Este libro colma una gran laguna y se presenta como una extraordinaria novedad. (Del prólogo del Libro Imitación de María, compilado por Romolo Sbrocchi)

  ( Leer historia de Beato Tomás de Kempis  )

 

 

Libro Primero. Encontrar a María.

Capítulo 1

Cómo saludar a la gloriosa Virgen

1) Aunque yo no tenga mérito alguno y, al contrario, sea consciente de mis muy numerosos pecados, tengo sin embargo grandísima confianza en tu pasión, Señor Jesús, y en los mñeritos de la gloriosa santa Virgen María, Madre tuya. A propósito de ella quisiera detenerme un poco, rogando llegar a ser digno, ya que no puedo atreverme a acercarme a su persona sin haber obtenido antes su permiso. Bien sé que mi idignidad no debería presentarse ante la excelsa dignidad de aquella a quien los mismos ángeles veneran con admiración, exclamando: "¿Quién es esta que se eleva sobre el desierto del mundo y rebosa de las delicias del paraíso?".

2) Por eso, dulcísima María, es inconveniente que yo, polvo y ceniza, mejor dicho más vil que el polvo por ser pecador y muy propenso a toda perversidad, me atreva a detenerme para considerar tu belleza y tu magnificencia. Tú en cambio, encumbrada sobre el cielo, tienes el mundo bajo los pies y eres digna de honor y reverencia por el honor de tu Hijo. Tu inefable bondad, que sobrepasa toda imaginación, con frecuencia me fascina y atrae mi afecto, porque res el consuelo de los afligidos y estás siempre dispuesta a socorrer a los miserables pecadores.

3) Estoy necesitado de gran consuelo, sobre todo de la gracia de tu Hijo, pues no me encuentro en absoluto en condiciones de ayudarme a mi mismo. Pero tú, Madre misericordiosisima, si te diganaras considerar mi pequeñez, de muchas maneras podrías socorrerme y confortarme con abundantes consuelos. Por eso, apenas me sienta oprimido por las dificultades o por las tentaciones, inmediatamente recurriré a ti, puesto que donde sobreabunda la gracia es más solicita la misericordia.

4) Luego, si quiero realizar el intento de comprender tu gloria excelsa y saludarte dignamente desde lo íntimo del corazón, debo proceder con espíritu mucho más puro, porque los que pretenden acercarse sin respeto a tu puerta, no obtienen gloria sino justa verguenza. Por lo tanto, quien se aproxima a ti debe comportarse con grandísima reverencia y humildad y, sin embargo, con gran esperanza de ser admitido en virtud de tu misericordiosa clemencia.

5) Por consiguiente, voy hacia ti con humildad y reverencia, con devoción y confianza, llevando en los labos el saludo de Gabriel, que te dirijo suplicante: saludo que repito con alegría, con la cabeza inclinada por respeto y los brazos abiertos con gran devoción, rogando que sea repetido en mi lugar cien, mil y más veces todavía por todos los espíritus celestiales. No sé realmente qué puueda haber más dulce y más digno para ofrecerte.

6) Y ahora escucha también al devoto enamorado de tu nombre: "El cielo se regocija y la tierra se asombra, cuando digo: Ave María. Satanás huye, el infierno tiembla, cuando digo: Ave María. El mundo se vuelve despreciable, la carne repugnante, cuando digo: Ave María. Desaparece la tristeza y vuelve la alegría, cuando digo: Salve María. Se disipa la tibieza y el corazón se inflama de amor, cuando digo: Salve María. Aumenta la devoción, nace la compunción, se acrecienta la esperanza, se intensifica el consuelo, cuando digo: Salve María. El ánimo se renueva y se refuerza el empeño en el bien, cuando digo: Ave María. "

7) Es tan grande la dulzura de este bendito saludo, que no admite explicación con palabras humanas. Resulta en efecto siempre más elevado y profunco de lo que pueda comprender toda criatura. Por eso doblo una vez más las rodillas delante de ti, Santísima Virgen María, y digo: "Ave María, llena de gracia". Clementísima Señora mía, Santa María, acepta este tan devoto saludo y, con él, acéptame también a mí, para que pueda yo tener algo que sea de tu agrado, que fortalezca mi confianza en ti, que encienda en mí un amor cada vez más grande y me conserve por siempre devoto a tu santo nombre.

8) Quiera el cielo que, para satisfacer mi deseo de honrarte y de saludarte eternamente desde lo profundo del corazón, todos mis miembros se transformen en lenguas y las lenguas en voces de fuego. Madre de Dios, quisiera poder dirigirte este saludo como pura y santa ofrenda de oración, en expiación de todas mis culpas, por las cuales he merecido la ira divina, he entristecido gravemente a tu Hijo, he deshonrado y ofendido muy a menudo a ti y a toda la corte celestial.

9) Dado que mi vida es frágil y caduca a causa de todos mis excesos, de todas mis negligencias, de todos los pensamientos vanos, inmundos y perversos, quiera el cielo que todos los espíritus bienaventurados y las almas de los justos, con purísima devoción y muy ardiente plegaria, te dirijan, oh Beatísima Virgen María, y repitan cien veces en tu honor el altísimo saludo con que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron los primeros en querer saludarte por medio del ángel. De alguna manera hallaría así un digno incienso de suave fragancia, ya que en mí nada hay de bueno ni nada que merezca recompensa.

10) Pero ahora me postro ante ti, impulsado por sincera devoción; y totalmente encendido en veneración hacia tu suave nombre, te repito el gozo de aquel saludo nuevo, jamás oído hasta entonces, cuando el arcángel Gabriel, enviado por Dios, entró en la intimidad de tu morada y, doblando reverente las rodillas, te rindió honor al decirte: "Ave, llena de Gracia, el Señor es contigo". Yo deseo en consonancia con la preciosa costumbre de los fieles y, en todo lo posible, con labios puros, dirigirte este saludo, como también deseo, desde lo profundo del corazón, que te lo dirijan del mismo modo todas las criaturas: "Ave, María, llena de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesucristo. Amén."

11) Este es el saludo angélico, compuesto por inspiración del Espíritu Santo, del todo adecuado a tu dignidad y a tu santidad. Es una oración pobre en palabras, pero rica en misterios. Breve como discurso, pero profunda como contenido; más dulce que la miel y más preciosa que el oro, digna de repetirse con mucha frecuencia de todo corazón, devotamente y con labios puros, porque, aunque sea el resultado de muy pocas palabras, se esparce en un vastísimo torrente de celestial suavidad.

12) Pero ay de aquellos que se aburren, que la rezan sin devoción, que no reflexionan sobre sus palabras más valiosas que el oro, que no saborean sus copas de miel, que tantas veces recitan el Avemaría sin atención ni respeto. Oh dulcísima Virgen María, presérvame de una tan grave negligencia y falta de atención, perdona mi pasado desempeño. Seré más devoto, más fervoroso y más atento al recital el Avemaría, cualquiera sea el lugar en que pudiera hallarme.

13) Ahora, después de estas consideraciones, ¿que te pediré, mi muy querida Señora? Para mí, indigno pecador, ¿hay algo mejor, más útil, más necesario que hallar gracia delante de ti y de tu amadísimo Hijo? Por lo tanto, pido la gracia de Dios por tu intercesión, ya que, como afirma el ángel, tú has encontrado la plenitud de la gracia ante Dios.

14) Nada de lo que pida es más precioso que la gracia, ni tengo necesidad de ninguna otra cosa fuera de ella y de la misericordia e Dios. Me basta su gracia y no necesito nada más: sin la gracia, en efecto, ¿qué resultado tendría cualquier esfuerzo mío? En cambio, ¿qué puede ser para mí imposible, si me asiste y me ayuda la gracia? Tengo muchos y diversos defectos espirituales, pero la gracia de Dios es una meicina eficaz contra todas las pasiones. Y si Él se dignara socorrerme, las atenuará a todas.

15) Adolezco asimismo de pobreza en sabiduría y en ciencia espiritual, pero la gracia de Dios es suprema maestra y dispensadora de la disciplina celestial. Por consiguiente, ella me basta para instruirme en todos los asuntos necesarios, y me disuade de buscar cualquier cosa fuera de lo imprescindible, y de querer conocer temas más allá de lo lícito. Pero amonesta y enseña a humillarse y a contentarse solamente con ella.

16) Por lo mismo, oh clemente Virgen María, consígueme con tus ruegos esta gracia, que es tan noble y preciosa: que yo no desee ni pida nada más que la gracia por la gracia.

Capítulo 2

El consuelo de la Virgen María

1) El hijo. Ahora, Señora mía, te ruego que hables un poco conmigo. Abre tus labios en nombre de tu Hijo, que te ha colmado de toda gracia espiritual.

2) La Madre. Yo soy la Madre de la misericordia, llena de caridad y de dulzura. Soy la escalera de los pecadores, la esperanza y el perdón de los culpables, el consuelo de los afligidos y el gozo particular de los santos. vengan a mí todos ustedes que me aman, y quedarán satisfechos en medio de mis consuelos, porque soy buena y misericordiosa para con todos los que me invocan.

3) Vengan todos, justos y pecadores, y yo rogaré al Padre por ustedes. Rogaré también al hijo, para que se reconcilie con ustedes en el Esp´´iritu Santo. Los invito a todos, los espero a todos, deseo que todos vengan a mí. No desprecio a ningún pecador; sino, al contrario, por un pecador que se convierte, me regocijo con gran afecto junto con los ángeles de Dios en el cielo. Porque no en vano ha sido derramada por el mundo la sangre de mi Hijo.

4)Acérquense entonces a mí, hijos de los hombres: observen mi celo para con ustedes ante Dios y ante mi Hijo Jesucristo. Está claro: cargaré sobre mí su ira y aplacaré con mis fervorosas plegarias a aquel que, como ustedes saben, han ofendido.

5) Conviértanse y vengan; hagan penitencia, y yo invocaré el perdón para ustedes. No lo olviden: yo estoy situada entre el cielo y la tierra, entre Dios y el pecador; y obtengo con mis ruegos que este mundo no perezca. Pero no quieran abusar de la misericordia de Dios ni de su clemencia; más bien manténganse alejados de todo pecado, para que no descienda sobre ustedes su ira ni su temible venganza.

6) Exhorto a mis hijos, insto a los que tanto amo: sean imitadores de mi Hijo y de la que es madre de ustedes. Acuérdense de mí, que no puedo olvidarme de ustedes, porque siento compasión de todos los desdichados y soy una muy misericordiosa abogada de todos los fieles.

Continuará ...

 

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