" “Tened fe en María Auxiliadora y veréis que son los milagros”." ( San Juan Bosco )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En los Santos y Padres de la Iglesia

 

Visitas a María Santísima

 

 San Alfonso Maria de Ligorio - (Nápoles, 1696-1787)

Doctor de la Iglesia   y  Patrón de Confesores y Moralistas .

  ( Leer historia de San Alfonso Maria de Ligorio  )

 

 

Del libro "Visítas al Santísimo Sacramento y a María Santísima".

Inmaculada Virgen y Madre mía, María Santísima! A Vos, que
 sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la Abogada, la
 Esperanza y el Refugio de los pecadores, recurro en este día yo,
 que soy el más miserable de todos. Os venero, Oh gran Reina, y
 os agradezco todas las gracias que hasta ahora me habéis hecho,
 especialmente la de haberme librado del infierno, que tantas 10
 veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor
 que os tengo, os prometo serviros siempre y hacer todo lo posible
 para que de los demás seáis también amada.
 
 En Vos pongo todas mis esperanzas, toda mi salvación. Oh,
 Madre de misericordia, aceptadme por vuestro siervo, y
 acogedme bajo vuestro manto. Y ya que sois tan poderosa para
 con Dios, libradme de todas las tentaciones o, al menos,
 alcanzadme fuerza para vencerlas hasta la muerte. Os pido el
 verdadero amor a Jesucristo, y de Vos espero la gracia de una
 buena muerte.
 
 ¡Oh, Madre mía! Por el amor que tenéis a Dios, os ruego que
 siempre me ayudéis; pero mucho más en el último instante de mi
 vida. No me desamparéis, mientras no me veáis salvo en el cielo,
 bendiciéndoos y cantando vuestras misericordias por toda la
 eternidad. Amén. Así lo espero, así sea. 
 

Sus lazos son ligaduras de salvación. Dice el devoto Pelbarto que
 la devoción a María es una cadena de predestinación. Roguemos a
 nuestra Señora que nos afiance siempre, y cada vez más
 fuertemente, con amorosas cadenas en la confianza de su
 protección. 
 
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen
 María!

Bienaventurado el que vela ante mis puertas todos los días y
 aguarda a los umbrales de mi casa...¡Dichoso el que, como los
 pobres que están a las puertas de los ricos, pide solícito limosna
 ante las puertas de la misericordia de María; y más dichoso aún el
 que procura imitar las virtudes que en María considera, y
 especialmente su pureza y humildad. 
 
Socórreme esperanza mía.
 

Dulcísima Señora y Madre mía, soy un vil rebelde a vuestro
 excelso Hijo; pero acudo arrepentido a vuestra piedad para que
 me alcancéis perdón. No me digáis que no podéis, pues San
 Bernardo os llama la Dispensadora del perdón. A Vos toca
 también ayudar a los que en peligro se hallan; que por eso os
 denomina San Efrén, Auxilio de los que peligran.
 
 ¿Y quién, Señora mía, peligra más que yo? Perdí a mi Dios y he
 estado ciertamente condenado al infierno; no sé todavía si Dios
 me habrá perdonado; puedo perderle aún. Pero de Vos, que podéis
 alcanzarlo todo, espero todo bien: el perdón, la perseverancia, la
 gloria. Espero ser, en el reino de los bienaventurados, uno de los
 que más ensalcen vuestras misericordias, ¡oh, María!, salvándome
 por vuestra intercesión. 
 
Las misericordias de María cantaré eternamente.
 Eternamente las alabaré.
 
 
 

 

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