" ¡Ella era tan bella! ¡Ella era tan bella! ¡Tan bella! Cuando uno la ha visto una vez, desea morir para seguirla viendo». " ( Santa Bernardita )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En los Sacerdotes, Obispos y Teólogos

 

Qué es la entrega confiada a María

 

 Monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva - (nac. 1963)

El Santo Padre Benedicto XVI lo nombró obispo titular de Rusubbicari y auxiliar de la arquidiócesis de Mendoza, a los 44 años de edad, cuando este era rector del Seminario Arquidiocesano de Mendoza.

  ( Leer historia de Monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva  )

 

 

En camino a la Fiesta patronal diocesana a los 75 años de la creación de la diócesis. Año jubilar y misionero, Una carta desde el corazón de la fe. * 2 de septiembre de 2009

Muy estimada/o hermana/o en Cristo:

En una carta anterior, te hacía la propuesta de renovar tu alianza personal con María, a fin de acompañar la entrega confiada de la Diócesis a la Virgen, que el Obispo hará en nuestra Fiesta patronal diocesana, el próximo domingo 4 de octubre.

Si al menos te ha interesado la propuesta, ahora quisiera explicarte qué quiere decir: entregarse confiadamente a María. Trataré de ir a lo esencial, siendo claro y breve.
El texto bíblico de referencia obligada es Jn 19,25-27. Lo vuelvo a citar para que lo leamos juntos:

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

¿Qué nos enseña esta gran escena evangélica?

- En el momento culminante de su misión salvadora, Jesús confía su madre al discípulo amado; y confía éste a su madre: “Mujer, aquí tienes a tu hijo … Aquí tienes a tu madre”.

- El discípulo amado somos todos nosotros, no solo San Juan. Sos vos, soy yo, cada uno de los que fuimos engendrados por la cruz salvadora del Señor. Todos y cada uno.

- Jesús amplía la maternidad de María, su madre. Ella llega a ser así la madre de todos los discípulos de su Hijo. Es madre de la Iglesia, la familia de Jesús.

- Cito al querido Papa Juan Pablo II: “El Redentor confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo, que en la historia de la Iglesia se ha ejercido y expresado posteriormente de modos diversos” (Encíclica “La madre del Redentor” 45).

En la historia de la Iglesia, y bajo la acción del Espíritu Santo, muchos hombres y mujeres de fe se han sentido llamados a recibir y acoger a María en sus vidas, de un modo consciente, personal y libre. Es decir: han querido hacer suyo el don que Cristo les ofrecía entregándoles a su Madre.

San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716) es un reconocido maestro en el tema. Transcribo un párrafo de su obra más famosa: “La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Esta es la devoción que yo enseño y que consiste, en otras palabras, en una renovación de los votos y promesas bautismales”.(1)

San Luis María habla de “consagración a María”. Nosotros preferimos otra expresión, inventada por el Papa Juan Pablo II: “entrega confiada” (en italiano: “affidamento”). Ambos términos son legítimos, y hay libertad para usar uno u otro.

¿Qué es entonces la entrega confiada o consagración a María? Teneme paciencia. Ahora voy a citar a otro autor espiritual. Este es nuestro: el monje trapense Bernardo Olivera. Es argentino y ha fundado un movimiento de espiritualidad inspirado en N. S. de Guadalupe. Él también se remite a San Luis María. Enseña:

“No se precisan demasiadas palabras, la consagración a María consiste en: darse por entero a María y a Jesús por ella, haciendo todas las cosas por, con, en y para María... Esta breve frase está preñada de sentido, vale por toda una biblioteca. Encontramos en ella una doble realidad:

- La consagración consistirá, ante todo en una entrega total, definitiva y desinteresada. Entrega que trae aparejada la entrega de María. Nos entregamos como hijos y la recibimos como Madre.

- La consagración consiste en una vida cristiana marianizada. Es decir, hacerlo todo por María, con María, en María y para María, a fin de hacerlo más perfectamente por Jesús, con Jesús, en Jesús y para Jesús. El sentido de esta fórmula de vida marianizada puede explicarse de esta manera:

* por, indica el medio y la causalidad activa de María: ella es la Mediadora;
* con, indica la compañía: ella es el modelo de la perfecta discípula;
* en, indica la permanencia y la unidad, y la reciprocidad: ella es la Madre;
* para, indica el fin que remite al fin último: el Hijo de María".(2)

Querido amigo: espero que no te hayás perdido. Pienso que si has llegado hasta aquí es porque el Espíritu Santo y la guía de Nuestra Señora te han tocado el corazón. De paso te digo que Bernardo usa otro término para hablar de la relación del cristiano con María. Es también bíblico, además de precioso: alianza. El texto que he citado es de una carta que se llama precisamente: “Alianza con María” (16 de junio de 1982).

Añado ahora otra pregunta: ¿qué fin persigue esta entrega confiada a María? ¿Cuál es su objetivo? Ya lo dijimos: esta alianza con María tiene como finalidad renovar nuestra consagración bautismal. María nos ayuda a vivir conscientemente nuesta condición de discípulos misioneros de Jesús y nuestro ser Iglesia, pueblo misionero, cuyo gozo es anunciar a Jesucristo. Ella es la más perfecta discípula de Jesús. Ella es también modelo de la Iglesia misionera. La entrega confiada nos introduce en la escuela de María, discípula y misionera de Jesús.

Yo me detengo. Te prometo explicarte un poquito más otros aspectos de la entrega confiada: ¿Cómo se hace? ¿Cómo se prepara? ¿Qué consecuencias trae para mi vida?

¡Hasta pronto, de la mano de María! “Ave María purísima. En gracia concebida”.

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo auxiliar de Mendoza


(1)San Luis María Grignon de Montfort, Tratado de la verdadera devoción, 120

(2)B. Olivera, Siguiendo a Jesús en María, Soledad Mariana (Buenos Aires 1997), 67-68

 

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