" Toda llena de misericordia, hija del Rey supremo, Señora de los Angeles, Madre de todos los creyentes" ( Santo Tomás de Aquino )

323 [ ]  Coronas de María ::  Títulos   [ ]

 

Referencia a Títulos Marianos

 

En el Magisterio de la Iglesia

 

María Madre de la Iglesia

 

 Papa Pablo VI - 1897-1978

(Giovanni Battista Montini Alghisi; Concesio, 1897 - Castelgandolfo, 1978) Papa (1963-1978)

  ( Leer historia de Papa Pablo VI  )

 

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR S.S. PABLO VI EL 21 DE NOVIEMBRE DE 1964 EN LA CLAUSURA DE LA III SESIÓN DEL CONCILIO VATICANO II SOBRE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

“A este fin hemos creído oportuno consagrar, en esta misma sesión pública, un título en honor de la Virgen, sugerido por diferentes partes del orbe católico, y particularmente entrañable para Nos, pues con síntesis maravillosa expresa el puesto privilegiado que este concilio ha reconocido a la Virgen en la santa Iglesia. 

Madre de la Iglesia, ruega por nosotros

Así pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores, que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título. 

Se trata de un título, venerable hermanos, que no es nuevo para la piedad de los cristianos; antes bien, con este nombre de Madre, y con preferencia a cualquier otro, los fieles y la Iglesia entera acostumbran dirigirse a María. En verdad pertenece a la esencia genuina de la devoción a María, encontrando su justificación en la dignidad misma de la Madre del Verbo encarnado. 

La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal se constituyó en cabeza de su Cuerpo místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es Madre también de los fieles y de todos los pastores; es decir, de la Iglesia. 

En señal de gratitud por la amorosa asistencia que nos ha prodigado durante este último período conciliar, que cada uno de vosotros, venerables hermanos, se comprometa a mantener alto en el pueblo cristiano el nombre y el honor de María, uniendo en ella el modelo de la fe y de la plena correspondencia a todas las invitaciones de Dios, el modelo de la plena asimilación a la doctrina de Cristo y su caridad, para que todos los fieles, agrupados por el nombre de la Madre común, se sientan más firmes en la fe y en la adhesión a Cristo, y también fervorosos en la caridad para con los hermanos, promoviendo el amor a los pobres, la justicia y la defensa de la paz. Como ya exhortaba el gran San Ambrosio, viva en cada uno el alma de María para glorificar a Dios. (San Ambrosio, In Lc 2,26: ML 15, I, 642).

FERVIENTE INVOCACIÓN A LA INMACULADA REINA DEL UNIVERSO

Virgen María, Madre de la Iglesia, te recomendamos toda la Iglesia, nuestro concilio ecuménico.

Socorro de los obispos, protege y asiste a los obispos en su misión apostólica, y a todos aquellos sacerdotes, religiosos y seglares que con ellos colaboran en su arduo trabajo. Tú, que por tu mismo divino Hijo, en el momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano, que en ti confía.

Acuérdate de todos tus hijos; avala sus preces ante Dios conserva sólida su fe, fortifica su esperanza, aumenta su caridad.

Acuérdate de aquellos que viven en la tribulación, en las necesidades, en los peligros; especialmente de aquellos que sufren persecución y se encuentran en la cárcel por la fe. Para ellos, Virgen Santísima, solicita la fortaleza y acelera el ansiado día de su justa libertad.

Mira con ojos benignos a nuestros hermanos separados y dígnate unirnos, tú que has engendrado a Cristo, fuente de unión entre Dios y los hombres.

Templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo unigénito. Mediador de nuestra reconciliación con el Padre (cf. Rm. 5, 11), para que sea misericordioso con nuestras faltas y aleje de nosotros la desidia, dando a nuestros ánimos la alegría de amar.

Finalmente, encomendamos a tu Corazón inmaculado todo el género humano: condúcelo al conocimiento del único y verdadero Salvador, Cristo Jesús; aleja de él el flagelo del pecado, concede a todo el mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor. Y haz que toda la Iglesia, celebrando esta gran asamblea ecuménica, puede elevar a Dios de las misericordias un majestuoso himno de alabanza y agradecimiento, un himno de gozo y alegrías, pues grandes cosas ha obrado el Señor por medio tuyo, clemente, piadosa y dulce Virgen María”.

 

::

Este escrito aparece publicado en Categoría : Magisterio de la Iglesia
  Secciones :

 ::

 

Libreria

:: Volver a la página anterior ::

 

:: Volver a Títulos ::

 

4539 lecturas. 

 [ Index Home  ]  [ Las Coronas de María  ]  [ La Devoción a María  ]  [ María en la Biblia  ]  [ María en la Iglesia  ]

[ María y los Santos  ]  [ María entre nosotros  ]  [ Canal Youtube  ] [ Mapa del sitio  ]

[ Sobre esta web  ] [ Publica tu Testimonio ] [ Firma el Libro de visitas ] [ Contacto ]