" "¡Ea! Sed agradecidos. Ella enfrenta los peligros y las tentaciones, diciendo y mandando al demonio: “¡Maldito, lejos de aquí!... ¡Deja en paz a esta ciudad, donde viven mis devotos!..."" ( San Bernardino de Siena )

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Referencia a Títulos Marianos

 

En los Santos y Padres de la Iglesia

 

María, Madre de Cristo y Virgen de Cristo

 

 San Agustín - (354-430)

Obispo de Hipona (Africa). Escribió numerosas obras admirables por su doctrina y piedad. Contra Pelagio, defencdió la necesidad de la gracia para toda obra buena en el orden de la salvación. Obras principales: Confesiones, Comentarios a los Salmos, al Evangelio de San Juan, Sermones, Cartas, etc. Su fiesta se celebra el 28 de agosto.

  ( Leer historia de San Agustín  )

 

 

Tratado sobre la virginidad, 1-6

Ha de ser alabada la virginidad a fin de que se la ame, pero al mismo tiempo las vírgenes deben ser advertidas para que no se envanezcan. Esto es lo que nos proponemos con este tratado: que nos ayude Cristo, el Hijo de la Virgen, el Esposo de las vírgenes, que nació, según la carne, de un seno virginal y se une espiritualmente en un desposorio virginal.

La Iglesia es madre y virgen a la vez

Ahora bien, puesto que la Iglesia universal es esa virgen desposada con un único Esposo, Cristo, según las palabras del Apóstol, de cuánto honor no serán dignos los miembros que guardan también en su carne lo que la Iglesia entera guarda en la fe, imitando así a la Madre de su Esposo y Señor. En efecto, la Iglesia es madre y virgen a la vez. María dio a luz en la carne a la cabeza de este cuerpo; la Iglesia da a luz espiritualmente a los miembros de esa cabeza. Tanto en María virgen como en la Iglesia virgen, la virginidad no es un obstáculo para la fecundidad, y la fecundidad no daña la virginidad. De este modo, puesto que la Iglesia entera es santa de cuerpo y de espíritu, y sin embargo no es enteramente virgen de cuerpo, ¡cuánto más santa es en esos miembros en los que es virgen de cuerpo y espíritu!

Felices los que escuchan la palabra de Dios y la guardan

Está escrito en el Evangelio que en cierta ocasión avisaron a Cristo que su madre y sus hermanos estaban fuera y no podían acercarse por causa de la multitud, y entonces él respondió, extendiendo su mano hacia sus discípulos: "Estos son mis hermanos, y quienquiera que haga la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano y mi madre y mi hermana." ¿Qué nos quiso enseñar con estas palabras sino que lo hace felices a los hombres no es su parentesco carnal con los justos y los santos, sino la fe con la que obedecen a su doctrina e imitan su vida? Mucho más feliz es por lo tanto María por haber recibido la fe en Cristo, que le decía: "Feliz el vientre que te llevó", Cristo respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan." Finalmente, ¿de que sirvió ese parentesco a sus hermanos, es decir a sus parientes según la carne, que no creyeron en él? De igual modo los lazos maternales de nada hubiesen servido a María si no hubiese sido más feliz por llevar a Cristo en su corazón que en su seno.

María, ejemplo para las vírgenes consagradas

La virginidad de María fue tan santa y agradable a Dios no porque la concepción de Cristo se la hubiera conservado impidiendo que le fuese arrebatada por un marido, sino porque antes de concebir, María ya la había conssagrado a Dios que la había elegido para nacer de ella. Es esto lo que indica claramente la respuesta que ella dio al Angel que le anunciaba que iba a ser madre: "¿Cómo será esto pues no conozco varón?". Lo que no hubiera dicho si antes no hubiera consagrado su virginidad a Dios. Pero como entonces las costumbres de los israelitas no aceptaban esto, fue desposada a un hombre justo que no le arrancaría lo que ella había consagrado a Dios, antes bien lo custodiaría ...

Como María habría de servir de ejemplo a las vírgenes consagradas a Dios, y para que no se pensara que sólo debía permanecer virgen la que había merecido concebir sin obra de varón, ella consagró su virginidad a Dios cuando aún no sabía que iba a concebir. Mostró así que la imitación de la vida celestial en un cuerpo terreno y mortal ha de ser el efecto de un voto, no de un precepto, y ha de ser elegida por amor y cumplida no por necesidad.

Del mismo modo Cristo, al nacer de una virgen que antes de saber que él nacería de ella había decidido permanecer virgen, prefirió aprobar antes que preceptuar la santa virginidad. Y por la misma razón quiso que en aquella mujer en la que asumiría la condición de siervo, la virginidad fuese el efecto de una decisión libre.

Las vírgenes son madres de Cristo si cumplen la voluntad del Padre

Las vírgenes del Seño no deben contristarse si al conservar su virginidad, no pueden llegar a ser madres según la carne. Sólo quél cuyo nacimiento no tiene igual, pudo haber sido dado a luz por la virginidad. Sin embargo, el que es fruto de una única virgen santa es honra de todas las vírgenes santas.

Con María, también ellas son madres de Cristo si cumplen la voluntad del Padre. Esta es la mayor honra y felicidad de María, Madre de Cristo, según las palabras que recordamos mas arriba: "Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre." Indica así el parentesco espiritual que lo liga al pueblo que ha rescatado. Sus hermanos y sus hermanas son los hombres y las mujeres santas que participan con él de la herencia celestial. Madre suya es la Iglesia entera que por la gracia de Dios, da a luz a los iembros de Cristo, es decir a sus fieles. También es madre suya toda alma santa que hace la voluntad de su Padre, con fecundísima caridad hacia aquellos a quienes da a luz, hasta que Cristo sea formado en ellos.

Entre todas las mujeres, María es la única que no sólo en el espíritu sino también en el cuerpo es madre y virgen. Es madre según el espíritu, no de nuestra cabeza, es decir del Salvador, del cual más bien ella es la que nació espiritualmente, porque todos los que creyeron en El - entre los cuales ella se encuntra - son llamados con razón "hijos del Esposo", sino ciertamente es madre de sus miembros que somos nosotros, porque cooperó por su caridad al nacimiento de los fieles en la Iglesia, que son los miembros de esa cabeza cuya madre según la carne ella es. Convenía en efecto, que nuestra cabeza, por un inefable milagro, según la carne naciese de una virgen, para enseñarnos que sus miembros, es decir sus fieles debían nacer de la Iglesia virgen según el espíritu.

María es la única madre y virgen en el espíritu y en cuerpo, Madre de Cristo y Virgen de Cristo. La Iglesia, en cambio, en los santos que han de poseer el reino de Dios, es en espíritu toda ella madre de Cristo , y toda ella virgen de Cristo.

 

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