" “Sabed, -les decía- que nada os dará tanto consuelo en la hora de la muerte, como el haber sido devotos de María”." ( San Juan Bosco )

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María en el Nuevo Testamento

 

En la Biblia

 

La Profecia de Isaias (Sermon Segundo)

 

 San Bernardo de Claraval - (1090-1153)

Cisterciense, Doctor de la Iglesia. Fue el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre más importante del siglo XII en Europa. Fundador del Monasterio Cisterciense del Claraval y de muchos otros.

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Sermones de Adviento de San Bernardo de Claraval : SERMO  SECUNDUS  /  SERMON SEGUNDO. DE LECTIONE ISAIAE: DIXIT DOMINUS AD ACHAZ: PETE TIBI SIGNUM, ET DE VIA ADVERSARII. DEL LIBRO DE ISAÍAS: "DIJO EL SEÑOR A ACAZ: PIDE UNA SEÑAL... Y, SOBRE EL CAMINO DEL ENEMIGO".

 

Capítulo 1

 

 

 

§ 1

 

 

 

    Audivimus suadentem regi Achaz Isaiam, petere signum a Domino, sive in profundum inferni, sive in excelsum supra. Audivimus, responsionem eius, formam quidem habentem pietatis, sed non virtutem. Propter hoc denique ab eo qui intuetur cor et cui confitetur hominis cogitatio, meruit reprobari. Non petam, inquit, et non tentabo Dominum s. Elatus erat Achaz fastigio solii regalis, astutus humanae sapientiae verbis.

 

 

 

     Hemos escuchado a Isaías tratando de persuadir al rey Acaz para pedirle una señal, de parte del Señor, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo. Escuchamos también su respuesta insincera, bajo capa de piedad. Por este motivo se atrajo la reprobación de aquel que escruta el corazón y descubre las intenciones del hombre. Responde Acaz: No pido ninguna señal; no quiero tentar al Señor. Habíase engreído Acaz en la altura de trono real, y era astutamente hábil en su expresividad.

 

 

 

§ 2

 

 

 

     Audierat igitur Isaias a Domini: Vade: dic vulpi illi, petat sibi signum a Domino in profundum. Habet enim  vulpis  foveam,  sed  in  infernum  quoque  si  descenderit, adest qui comprehendat sapientes in astutia sua. Itemque: Vade, ait Dominus, dic volucri illi, petat sibi  signum in excelsum supra.  Habet enim volucris nidum; sed et si in caelum ascenderit, illic est qui,  superbis resistens, propria calcat virtute  superborum et sublimium colla. Verumtamen dissimulat ille potestatis excelsae, seu incomprehensibilis profunditatis sapientiae quaerere signum; et propterea signum bonitatis domui David Dominus ipse promittit, ut quos nec potestas, nec sapientia terruit, alliciat saltem exhibitio caritatis.

 

 

 

   El Señor había inspirado a Isaías: "Marcha y di a ese zorro que pida una señal en lo hondo del abismo". Y es que el zorro tiene madriguera. Y, si baja al abismo, encontrará al que sorprende a los taimados en sus astucias. Dice el Señor: "Vete y di a ese pajarraco que pida una señal en lo alto del cielo". El pájaro tiene su nido. Pero, si sube al cielo, allí está el que se enfrenta a los soberbios y pisa con poder los cuellos de los orgullosos y de los altivos. No le interesa buscar una señal del poder sublime o de la incomprensible profundidad. Por eso, el mismo Señor promete una señal de bondad a la casa de David. Para que, al menos, la manifestación del amor atraiga a quienes ni el poder ni la sabiduría atemoriza.

 

 

 

§ 3

 

 

 

     Potest tamen in eo quod ait: In profundum inferni, etiam caritas ipsa, qua maiorem nemo habuit, ut in infernum quoque pro amicis moriendo descenderet, non immerito designari, ut praecipiatur Achaz vel in excelsum regnantis expavescere maiestatem, vet descendentis ad inferos amplecti caritatem. Molestus est ergo non solum hominibus, sed etiam Deo, quisquis nec maiestatem cogitat in timore, nec caritatem cum amore meditatur. Propter hoc, inquit, dabit Dominus ipse vobis signum, in quo manifeste et maiestas, et caritas innotescat. Ecce virgo concipiet et pariet filium, et vocabitur nomen eius Emmanuel, quod interpretatur Nobiscum Deus.

 

 

 

   Entendemos la expresión en lo profundo del abismo como la caridad personificada. En ningún otro fue tan total. Bajó incluso al abismo muriendo por os amigos. Y en este sentido se manda a Acaz que se estremezca ante la majestad del que reina en lo alto o que se abrace a la caridad del que baja al abismo. El que no piensa en la majestad con temor ni medita en la caridad con amor, se vuelve enojoso a los hombres y a Dios. Por eso, él Señor mismo os dará la señal; en ella va a hacer sensible la majestad y a caridad. Ved que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, que se llamará Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros.

 

 

 

§ 4

 

 

 

     Noli fugere, Adam, quia nobiscum Deus. Ne timeas, o homo, nec, audito Dei nomine, terrearis, quia nobiscum Deus. Nobiscum carnis similitudine, nobiscum utilitate: propter nos venit, tamquam unus ex nobis similis nobis, passibilis.

 

 

 

    No escapes, Adán, que Dios-está-con-nosotros. Nada te mas, hombre; no te espantes ni siquiera oyendo el nombre de Dios, Dios-está-con-nosotros. Con nosotros, en la semejanza de la carne; con nosotros, en la necesidad. Llegó como uno de nosotros, por nosotros, semejante en todo, capaz de sufrir.

 

 

 

Capítulo 2

 

 

 

§ 1

 

 

 

    Denique Butyrum, inquit, et mel comedet. Ac si dicat: Parvulus erit, et vescetur in anfantilibus alimentis. Ut sciat, inquit, reprobare malum et eligere bonum. Etiam hic bonum et malum audis, sicut in arbore vetita, sicut in ligno transgressionis. Sed multo melius a primo Adam secundus iste partitur. Eligens enim bonum, malum reprobat, non sicut ille, qui dilexit maledictionem, et venit ei, et noluit benedictionem, et elongata est ab eo. Nam et in eo quod praemisit: Butyrum et mel comedet, advertere poteris  parvuli huius electionem. Tantum adsit eius gratia, ut quod praestat, utcumque sentire digne et accommodate ad intelligentiam proferre concedat.

 

 

 

    Por fin, dice: Comerá requesón y miel. Que equivale: Será niño y tomará alimentos de niño. Hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien. Este bien y este mal que oyes hacen referencia al árbol prohibido, el árbol del delito. Comparte con nosotros mucho mejor que el primer Adán. Escoge el bien y rechaza el mal; no como aquel que amó la maldición, y recayó sobre él, y que no quiso la bendición, quedándose lejos de él. En el texto mencionado: Comerá requesón y miel, podrás darte cuenta de la elección que hace este niño. Que su gracia nos acompañe para  que eso  que hace lo podamos experimentar dignamente de algún modo también nosotros y expresarlo de una manera accesible a todos.

 

 

 

§ 2

 

 

 

     Duo sunt in lacte ovis, videlicet butyrum et caseus. Butyrum pingue et humidum, caseus e contra aridus et durus. Bene ergo parvulus noster eligere novit, qui, butyrum comedens, caseum utique non comedit. Quae est enim ovis centesima, quae erravit  et in Psalmo loquitur: Erravi sicut ovis quae periit? Utique genus humanum, quod benignissimus pastor quaerit, aliis sane nonaginta novem ovibus in montibus derelictis. In hac igitur ove duo reperies, naturam dulcem, naturam bonam, et bonam valde, tamquam butyrum, et peccati corruptionem, ut caseum. Vide ergo quam optime puer noster elegit, qui naturam nostram sine ulla peccati corruptione suscepit. Nam de peccatoribus legis: Coagulatum est sicut lac cor eorum, in quibus utique puritatem lactis corruperat fermentum malitiae, coagulum iniquitatis.

 

 

 

  Dos cosas pueden hacerse con la leche de oveja: requesón y queso. El requesón es mantecoso y jugoso; el queso, por el contrario, es seco y consistente. Supo escoger bien nuestro niño, pues al comer el requesón rehusó el queso.; Quién es aquella oveja extraviada que hacía el número cien y dice en el salmo: Me extravié como oveja perdida. Es la raza humana. La busca el pastor compasivo, y deja a las otras noventa y nueve en el monte. Dos cosas hallarás en esta oveja: una naturaleza dulce y una naturaleza buena; tan buena, sin duda, como el requesón. Y, junto a ella, la corrupción del pecado, como el queso.¡Qué bien ha elegido nuestro pequeño! Se abrazó a nuestra naturaleza sin el más mínimo contagio de pecado, pues se lee de los pecadores: tienen el corazón espeso como grasa. La levadura de la maldad y el cuajo de la perversidad tan corrompido en estos corazones la pureza de la leche.

 

 

 

Capítulo 3

 

 

 

§ 1

 

 

 

    Sic et apis habet mellis dulcedinem, habet etiam aculei punctionem. Apis vero est, quae pascitur inter lilia, quae florigeram inhabitat patriam angelorum. Unde et ad civitatem Nazareth, quod interpretatur flos, advolavit, et ad suaveolentem perpetuae virginitatis florem advenit: illi insedit, illi adhaesit. Huius apis mel et aculeum non ignorat, qui misericordiam ei et iudicium cum Propheta decantat. Attamen, ad nos veniens, solum mel attulit et non aculeum, id est misericordiam et non iudicium, ita ut, suadentibus quandoque Discipulis, ut civitatem, quae suscipere eum noluit, praeciperet igne consumi, responderit non venisse  Filium hominis ut iudicaret, sed ut salvaret mundum.

 

 

 

     Hablando de la abeja, pensamos en la dulzura de la miel y en la punzada del aguijón. La abeja se alimenta de azucenas y habita en la patria florida de los ángeles. Por eso voló hacia la ciudad de Nazaret, que significa flor. Y se llegó hasta la perfumada flor de la virginidad perpetua. En ella se posó. Y se quedó adherida. El que enaltece la misericordia y el Juicio, a ejemplo del Profeta, no ignora la miel ni el aguijón de esta abeja. Sin embargo, al venir a nosotros trajo sólo la miel y no el aguijón; es decir, la misericordia sin el juicio. Por eso, en aquella ocasión en que los discípulos intentaron persuadir al Señor a que lloviera fuego y arrasara la ciudad que se había negado a recibirle, se les replicó que el Hijo del hombre no había venido a condenar al hombre, sino a salvarlo.

 

 

 

§ 2

 

 

 

     Non habebat aculeum apis nostra; quodammodo deposuerat illum, quando, tanta indigna patiens, misericordiam exhibebat et  non iudicium. Sed nolite sperare in iniquitate, nolite peccare in spe. Habet enim apis nostra quandoque resumere aculeum suum, et acriter nimis infigere illum in medullas hominum peccatorum quoniam Pater non iudicat quemquam, sed Filio dedit omne iudicium. Nunc autem parvulus noster butyrum et mel comedit, quando bonum naturae humanae, divinae misericordiae in semetipso sic univit, ut esset homo verus et peccatum non habens, Deus misericors et iudicium non exhibens.

 

 

 

  Nuestra abeja no tiene aguijón. Se ha desprendido de él cuando, entre tantos ultrajes, mostraba la misericordia y no el juicio. Pero no confiéis en la maldad, no abuséis de la confianza. Algún día, nuestra abeja volverá a tomar su aguijón y lo clavará con toda su fuerza en los tuétanos de los pecadores. Porque el Padre no Juzga a nadie, pero ha delegado en el Hijo la potestad de juzgar. Por ahora, nuestro niño se mantiene de requesón y miel desde  que unió en sí mismo el bien de la naturaleza humana con e de la divina misericordia, mostrándose hombre verdadero y sin pecado, Dios compasivo y encubridor del juicio.

 

 

 

Capítulo 4

 

 

 

§ 1

 

 

 

    Ex his iam manifestum arbitror, quaenam sit virga de radice Iesse procedens, quis vero flos super quem requiescit Spiritus Sanctus. Quoniam Virgo Dei genitrix virga est, flos Filius eius. Flos utique Virginis Filius, flos candidus et rubicundus, electus ex millibus, flos in quem prospicere desiderant angeli, flos ad cuius odorem reviviscunt mortui, e, sicut ipse testatur, flos campi est, et non horti. Campus enim sine omni humano floret adminiculo, non seminatus ab aliquo, non defossus sarculo, non impinguatus fimo. Sic omnino, sic Virginis alvus floruit, sic inviolata, integra et casta Mariae viscera, tamquam pascuae aeterni viroris florem protulere, cuius pulchritudo non videat corruptionem, cuius gloria in perpetuum non marcescat.

 

 

 

     Me parece que con esta expresión queda claro quién es esta vara que brota de la raíz de Jesé y quién es la flor sobre la cual reposa el Espíritu Santo. La Virgen Madre de Dios es la vara; su Hijo, la flor: Flor es el Hijo de la Virgen, flor blanca y sonrosada, elegido entre mil; flor que los ángeles desean contemplar; flor a cuyo perfume reviven los muertos; y, como él mismo testifica, es flor del campo, no de jardín. El campo florece sin intervención humana. Nadie lo siembra, nadie lo cava, nadie lo abona. De la misma manera floreció el seno de la Virgen. Las entrañas de María, sin mancha, íntegras y puras, como prados de eterno verdor, alumbraron esa flor, cuya hermosura no siente la corrupción, ni su gloria se marchita para siempre.

 

 

 

§ 2

 

 

 

     O Virgo, virga sublimis, in quam sublime verticem sanctum erigis! Usque ad sedentem in throno, usque ad Dominum maiestatis. Neque id mirum, quoniam in altum mittis radices humilitatis. O vere caelestis planta, pretiosior cunctis, sanctior universis! O vere lignum vitae e, quod solum fuit dignum portare fructum salutis! Deprehensa est, maligne serpens, versutia tua, nudata est plane falsitas tua. Duo imposueras Creatori: mendacii et invidiae infamaveras eum; sed in utroque convictus es esse mentitus. Siquidem ab initio moritur cui dixeras: Nequaquam morieris, et veritas Domini manet in aeternum. Sed et nunc responde, si potes, quam et arborem, cuius arboris fructum invidere potuit, qui ne hanc quidem virgam, electam et fructum sublimem negavit? etenim qui proprio Filio non pepercit, quomodo non omnia simul cum illo donavit?

 

 

 

¡Oh Virgen, vara sublime!, en tu ápice enarbolas al santo. Hasta el que está sentado en el trono, hasta el Señor de majestad. Nada extraño, porque las raíces de la humildad se hunden en lo profundo.¡oh planta auténticamente celeste, más preciosa que cualquier otra, superior a todas en santidad!¡Arbol de vida, el único capaz de traer el fruto de salvación! Se han descubierto, serpiente astuta, tus artimañas; tus engaños están a la vista de todos. Dos cosas habías achacado al Creador, una doble infamia de mentira y de envidia. En ambos casos has tenido que reconocerte mentirosa, pues desde el comienzo muere aquel a quien dijiste: No moriréis en absoluto; la verdad del Señor dura por siempre. Y ahora contesta, si puedes: ¿qué frutos de árbol podría provocar la envidia en Dios, que ni siquiera negó al hombre esta vara elegida y su fruto sublime? El que no escatimó a su propio Hijo, ¿cómo es posible que con él no nos regale todo?

 

 

 

Capítulo 5

 

 

 

§ 1

 

 

 

    Sed iam advertistis, ni fallor, quoniam Virgo regia ipsa est via, per quam Salvator advenit, procedens ex ipsius utero, tamquam sponsus de thalamo suo. Tenentes ergo viam, quam priore, si meministis, coepimus vestigare sermone, studeamus et nos, dilectissimi, ad ipsum, per eam ascendere, qui per ipsam ad nos descendit, per eam venire in gratiam ipsius, qui per eam in nostram miseriam venit.

 

 

 

    Ya habéis caído en la cuenta, si no me equivoco, que la Virgen es el camino real que recorre el Salvador hasta nosotros. Sale de su seno, como el esposo de su alcoba. Ya conocemos el camino que, como recordáis, empezamos a buscar en el sermón anterior. Ahora tratemos, queridísimos, de seguir la misma ruta ascendente hasta llegar a aquel que por María descendió hasta nosotros. Lleguemos por la Virgen a la gracia de aquel que por la Virgen vino a nuestra miseria.

 

 

 

§ 2

 

 

 

     Per te accessum habeamus ad Filium, o benedicta inventrix gratiae, genitrix vitae, mater salutis, ut per te suscipiat nos qui per te datus est nobis. Excuset apud ipsum integritas tua culpam nostrae corruptionis, et humilitas Deo grata nostrae veniam impetret vanitati. Copiosa caritas tua nostrorum cooperiat multitudinem peccatorum, et fecunditas gloriosa fecunditatem nobis conferat meritorum. Domina nostra, mediatrix nostra, advocata nostra, tuo Filio nos reconcilia, tuo Filio nos commenda, tuo nos Filio repraesenta. Fac, o benedicta, per gratiam quam invenisti, per praerogativam quam meruisti, per misericordiam quam peperisti, ut qui, mediante te, fieri dignatus est particeps infirmitatis et miseriae nostrae, te quoque intercedente participes faciat nos gloriae et beatitudinis suae, Christus Iesus, Filius tuus, Dominus noster, qui est super omnia Deus benedictus in saecula.

 

 

 

  Llévanos a tu Hijo, dichosa y agraciada, madre de la vida y madre de la salvación. Por ti nos acoja el que por ti se entregó a nosotros. Tu integridad excuse en tu presencia la culpa de nuestra corrupción. Y que tu humildad, tan agradable a Dios, obtenga el perdón de nuestra vanidad. Que tu incalculable caridad sepulte el número incontable de nuestros pecados y que tu fecundidad gloriosa nos otorgue la fecundidad de las buenas obras. Señora mediadora y abogada nuestra, reconcílianos con tu Hijo. Recomiéndanos y preséntanos a tu Hijo. Por la gracia que recibiste, por el privilegio que mereciste y la misericordia que alumbraste, consíguenos que aquel que por ti se dignó participar de nuestra debilidad y miseria, comparta con nosotros, por tu intercesión, su gloria y felicidad. Cristo Jesús, Señor nuestro, que es bendito sobre todas las cosas y por siempre.

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