" Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos quieren hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa estrella: invoca a María! " ( San Bernardo de Claraval )

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Inocencio III

(1160 o 1161 Agnani-1216)

 

Papa que convocó el  Concilio IV de Letrán de 1215, por medio del cual dictó un reglamento que dio forma a la Inquisición pontificia.

Uno de los más reconocidos papas de la Edad Media. Hijo del Conde Trasimund de Segni y sobrino de Clemente III, nacido en 1160 o bien 1161 en Anagni; murió el 16 de junio de 1216 en Perugia.

Recibió su educación inicial en Roma, estudió teología en París, jurisprudencia en Boloña y luego llegó a ser uno de los más connotados teólogos y juristas de su tiempo. Casi de inmediato, luego de la muerte de Alejandro III (30 de agosto de 1181) Lotario regresó a Roma y ayudó con varios oficios eclesiásticos durante los reinados de Lucio III, Urbano III, Gregorio VIII, y Clemente III.

El Papa Gregorio VIII le ordenó subdiácono, y Clemente III le hizo Cardenal-Diácono de San Jorge en Velabro y San Sergio y Bacchus en 1190. Más tarde llegó a ser Cardenal-Sacerdote de Santa Pudentiana. Durante el pontificado de Celestino III (1191-1198) un miembro de la casa de los Orsini, enemigos de los Condes de Segni, ganó prominencia. Ante ello, nuestro personaje vivió en retiro, probablemente en Anagni, dedicándose a la meditación y a la literatura. Celestino III murió el 9 de enero de 1198.

Previo a su muerte, había urgido al Colegio Cardenalicio a elegir a Giovanni di Colonna como su sucesor, pero Lotario de Conti fue electo papa en Roma, el mismo día que Celestino III murió. Aceptó la tiara de manera reticente y tomó el nombre de Inocencio III. Al momento de llegar al papado, tenía sólo treinta y siete años de edad.

El trono imperial había quedado vacante a la muerte de Enrique VI en 1197, y no se había designado un sucesor. El papa con energía y tacto hizo uso de esta situación y la aprovechó para restaurar el poder papal en Roma y los Estados de la Iglesia. Tanto el Prefecto de Roma, representante del emperador que reinaba en la ciudad, como el Senado, juró alianza al pontífice.

Cuando ya había reestablecido la autoridad papal en Roma, aprovechó cualquier ocasión que se presentaba para ejercer su poder. Italia estaba cansada de ser gobernada por aventureros alemanes, con ello, el papa tuvo poca dificultad en extender su poder sobre la península.

Una de las decisiones que primero tomó, fue el envío de dos cardenales delegados ante Markwuld a fin de demandar la restauración de Roma sobre la iglesia de Ancona. Ante las respuestas evasivas, fue excomulgado y retirado por las tropas papales. De similar manera fueron tratados el Ducado de Spoleto y los distritos de Assisi y Sora, por parte del caballero alemán Conrado von Uerslingen. Fue ratificada por el papa la liga de ciudades que se había formado en Tuscana.

La muerte de Enrique VI dejó como heredero a su hijo Federico II, de cuatro años de edad, Rey de Sicilia. La viuda del emperador, Constanza, quien gobernaba Sicilia en nombre de su hijo, no pudo contener a los varones alemanes quienes establecieron su dominio en la región y rechazaron reconocer los poderes del niño. La madre apeló a Inocencio III a fin de rescatar el trono siciliano para su hijo.

El papa utilizó esta ocasión para restaurar el poder papal sobre Sicilia y reconoció a Federico II como monarca; hizo esto únicamente luego de que Constanza había renunciado a varios privilegios en un compromiso que se denominó Cuatro Capítulos, los cuales con anterioridad habían relacionado a William I con Adriano IV.

El papa solemnemente invistió a Federico II como Rey de Sicilia según la Bula que publicó a mediados de noviembre de 1198. Antes de que la Bula llegara a Sicilia, Constanza había muerto, pero antes de fallecer había nombrado a Inocencio como el guarda del rey huérfano.

Con gran fidelidad, el papa tomó cuidado del rey durante nueve años de su niñez e inicios de adolescencia. Aún los enemigos reconocieron que el papa actuaba sin egoísmos al cuidar del monarca, y nadie más le hubiera cuidado mejor y de manera consciente. A fin de proteger al inexperto rey contra sus enemigos, el papa le indujo a que se casara en 1209 con Constanza, la viuda del Rey Emerico de Hungría.

Las condiciones en Alemania eran extremadamente favorables para la aplicación de la idea de Inocencio, en lo concerniente a la relación entre el papado y el imperio. Después de la muerte de Enrique VI, se aseguró una doble elección. Los gibelinos eligieron a Felipe de Swabia el 6 de marzo de 1198, mientras que los guelf habían electo a Otto IV, hijo de Enrique el León y sobrino del Rey Ricardo de Inglaterra, en abril de ese mismo año.

El primero de los mencionados fue coronado en Mainz el 8 de septiembre de 1198, el segundo en Aachen, el 12 de julio de 1198. Inmediatamente luego de su ascensión al trono papa, Inocencio había enviado al Obispo de Sutri y al Abad de San Anastasio como delegados a Alemania, a fin de que instruyeran a Felipe de Swabia acerca de la prohibición en que había incurrido bajo el mandato de Celestino III, a condición de que liberara a la Reina Sibila de Sicilia, y que restauraran lo que le había sido tomado a la iglesia, cuando él había sido Duque de Toscana.

Cuando los delegados llegaron a Alemania, Felipe ya había sido electo rey. Tratando de tomar ventaja de los beneficios del rey Felipe, el Obispo de Sutri secretamente le había liberado de la prohibición solamente contando con la promesa, de que satisfacerla las condiciones establecidas. Luego de la coronación Felipe envió a los delegados de regreso a Roma con cartas en las que se pedía que el papa ratificara su elección. Pero Inocencio no estaba satisfecho con las acciones del Obispo de Sutri y rechazó el ratificar la elección.

Otto IV también envió delegados ante el papa, luego de su coronación en Aachen, pero antes de que el papa tomara alguna acción, los dos que reclamaban el trono alemán, principiaron a utilizar la fuerza. Aunque el papa abiertamente no tomó partido por ninguno de ellos, era aparente que simpatizaba más bien con Otto IV. Ofendidos por lo que consideraban una injusta interferencia por parte del pontífice, los seguidores de Felipe le enviaron una carta protestando por tal estado de cosas.

En su respuesta, Inocencio dejó claro que no tenía intención de involucrarse en determinar derechos de los príncipes, pero insistió en los derechos que sobre el problema tenía la Iglesia. Enfatizó especialmente que el conferir la coronación del emperador era algo que pertenecía solamente al papa. En 1201, el papa se manifestó abiertamente en pro de Otto IV.

El 3 de julio de 1201, el delegado papal, Cardenal-Obispo Guido de Palestrina, anunció al pueblo en la catedral de Colonia, que Otto IV había tenido la aprobación del papa como rey romano, y amenazó con excomunión a todos aquellos que rechazaran reconocerle como tal. Inocencio III dejó claro a los príncipes alemanes por el decreto de Venerabilem, dirigido al Duque de Zahringen, en mayo de 1202, que consideraba al imperio manteniéndose del lado del papa.

Este decreto que llegó a ser muy famoso, fue después incorporado al “Corpus Juris Canonici”. Se encuentra en Baluze, "Registrum Innocentii III super negotio Romani Imperii", no. lxii, y fue reimpreso en P. L., CCXVI, 1065-7. Los siguientes, son los puntos fundamentales de tal decreto:

Los príncipes alemanes tienen el derecho de elegir al rey, quien luego llega a ser emperador. Este derecho está dado por la Sede Apostólica, cuando fue transferido a la dignidad imperial de los griegos a los alemanes en la persona de Carlomagno.

El derecho para investigar y decidir si un rey al ser electo tiene los méritos de la dignidad imperial que pertenece al papa, cuyo oficio incluye el confirmarlo, consagrarlo y coronarlo. De otra manera, el papa podría verse obligado a ratificar, consagrar y coronar a un rey que pudo haber sido excomulgado, ser un hereje o un pagano.

Si el papa encuentra que el rey que ha sido electo por los príncipes no tiene los méritos de la dignidad imperial, los príncipes deben elegir un nuevo rey, o si rechazan hacer esto, el papa le conferirá la dignidad imperial a otro rey; debido a que la Iglesia necesita de un patrono y defensor.

En caso de doble elección, el papa debe exhortar a los príncipes a que lleguen a un acuerdo. Si luego de un intervalo no han podido lograr tal propósito, ellos deben requerir al papa para arbitrar; mediante esto último el papa decidirá respecto a uno de los reclamantes del poder. La decisión del pontífice no necesariamente estará basada en la mayor o menor legalidad de la elección, sino en las credenciales de los reclamantes.

La exposición de la teoría de Inocencio referente a las relaciones entre el papado y el imperio fue aceptada por muchos príncipes. Evidencia de ello, fue el súbito aumento de los adherentes a la causa de Otto, una vez divulgado el decreto. Si luego de 1203 la mayoría de los príncipes principiaron a alinearse con Felipe, ello fue responsabilidad de Otto, quien tenía un carácter irritable y se ofendía frecuentemente por sus mejores amigos.

Inocencio, cambiando su decisión, se declaró a favor de Felipe en 1207, y envió a los Cardenales Ugolino de Ostia y Leo de Santa Croce, a Alemania con las instrucciones de tratar de que Otto renunciara a sus reclamaciones al trono y con ello dejara en libertad los poderes a Felipe. El asesinato del Rey Felipe por parte de Otto de Wittelsbach, el 21 de junio de 1208, cambió por completo las condiciones en Alemania.

En la Dieta de Frankfort, el 11 de noviembre de 1208, Otto fue reconocido como rey por todos los príncipes, y el papa le invitó a llegar a Roma, para recibir la corona imperial. Fue coronado emperador en la Basílica de San Pedro en Roma, el 4 de octubre de 1209. Antes de su coronación, había solemnemente prometido dejar pacíficamente las posesiones de la iglesia pertenecientes a Spoleto, Ancona, así como los regalos de la Condesa Matilde; asistir al papa en el ejercicio de su soberanía sobre Sicilia, promover en libertad las elecciones eclesiásticas, dar el ilimitado derecho de apelación al papa, y la exclusiva competencia de la jerarquía en asuntos espirituales.

También se comprometía a renunciar a la “regalia”, al derecho de no acceder a los ingresos de las sedes vacantes y los estados eclesiásticos. También prometió asistir a la jerarquía en la extirpación de la herejía.

No obstante todo ello, casi inmediatamente de ser coronado, el nuevo emperador tomó para sí, Ancons, Spoleto, los regalos de Matilde, y propiedades de la Iglesia. Todo ello lo dio en vasallaje a sus amigos.

También se unió con los enemigos de Federico II e invadió el reino de Sicilia; con ello le quitaba poder al pequeño monarca y le cercenaba soberanía al papa. Cuando Otto no escuchó los requerimientos que le hizo Inocencio, este último le excomulgó el 18 de noviembre de 1210. Solemnemente proclamó su excomunión en el sínodo romano que tuvo lugar el 21 de marzo de 1211.

El papa comenzó a tratar ahora con el Rey Felipe Augusto de Francia y con los príncipes alemanes, con el resultado de que muchos príncipes renunciaron a seguir al excomulgado emperador y eligieron en su lugar a Federico II de Sicilia, en la Dieta de Nuremberg en septiembre de 1211.

La elección tuvo de nuevo lugar en presencia de un representante del papa y de Felipe de Francia en la Dieta de Frankfort, el 2 de diciembre de 1212. Luego de hacer las mismas promesas al papa, las mismas que ya había hecho Otto IV, jurando además solemnemente que nunca unificaría a Sicilia con el imperio; la elección ya estaba decidida y fue ratificada por Inocencio y fue coronado en Aachen, el 12 de julio de 1215.

El depuesto emperador Otto IV recurrió rápidamente a Alemania en busca de apoyo, ante la elección de Federico II, pero no obtuvo mayores alianzas. Uniendo fuerzas con Juan de Inglaterra, le declaró la guerra a Felipe de Francia, pero fue derrotado en Bouvines, el 27 de julio de 1214.

A partir de allí perdió toda su influencia en Alemania y murió el 19 de mayo de 1218, dejando en la criatura de Federico II todo el poder como emperador. Cuando Inocencio accedió al trono papal, una cruenta guerra se libraba entre Felipe Augusto de Francia y Ricardo de Inglaterra. El papa consideró que era su deber, como jefe supremo del mundo cristiano, finalizar las hostilidades entre los príncipes cristianos.

Muy poco después de su ascensión, envió al Cardenal Pedro de Capua a Francia, con instrucciones de amenazar a los dos reyes en el sentido de que el papa intervendría directamente, si en el plazo de dos meses no cesaban las hostilidades y se firmaba un pacto con duración mínima de cinco años. En enero de 1198, los dos reyes se encontraron entre Vernon y Andely y ratificaron un acuerdo por cinco años.

El mismo delegado fue instruido por el papa para amenazar a Felipe Augusto con interdictar toda Francia si dentro del plazo de un mes, el monarca no se reconciliaba con su esposa legal, Ingeburga de Dinamarca. Felipe la había rechazado y había tomado a Agnes, hija del Duque de Meran. Al ver que Felipe no acataba el mensaje del papa, Inocencio llevó a cabo su amenaza y el 12 de diciembre de 1199, procedió a poner bajo interdicción toda Francia.

Durante nueve meses el rey permaneció terco, en su posición, pero cuando los barones y el pueblo se comenzaron a alzar en rebelión contra él, finalmente rechazó a su concubina y la interdicción se levantó el 7 de septiembre de 1200. No fue sin embargo, hasta 1213 que el papa tuvo éxito en cuanto a lograr una reconciliación final entre el rey y su esposa legal, Ingeburga.

Inocencio también tuvo la oportunidad de reforzar los poderes papales en Inglaterra. Después de la muerte del Arzobispo Hubert de Canterbury, en 1205, cierto número de monjes de la Iglesia de Cristo se reunieron secretamente de noche, y eligieron como su superior a Reginaldo, un arzobispo.

Esta elección fue realizada sin la concurrencia del obispo ni la autoridad del rey. A Reginaldo se le pidió que no divulgara lo de su elección hasta que recibiera la aprobación papal. Pero en su camino a Roma, el vano monje asumió el título de arzobispo electo, y por tanto el episcopado de la provincia de Canterbury fue realizado mediante elección secreta.

Los obispos enviaron a Pedro de Anglesham como su representante ante el papa para protestar contra los procedimientos no canónicos seguidos por los monjes de la Iglesia de Cristo. Los monjes también reaccionaron. Pero lo hicieron de manera encendida en contra de la actitud de Reginaldo quien, contrario a su promesa, había divulgado lo de la elección. Ellos procedieron a una segunda elección y el 11 de diciembre de 1205, votaron por el favorito de la corona, Juan de Grey, a quien el rey había recomendado a los sufragantes.

En la controversia respecto a la autoridad o capacidad de los monjes de Cristo o los obispos de elegir al Arzobispo de Canterbury, Inocencio se inclinó a favor de los monjes, pero en el caso específico que les ocupaba, declaró que ambas elecciones carecían de validez. La de Reginaldo, porque se había realizado de manera clandestina y por tanto no canónicamente, y la de Juan de Grey, porque había ocurrido antes de la invalidez de la primera que se había llevado a cabo.

Aún una propuesta del Rey Juan, quien ofreció a Inocencio 3,000 marcos, fue sufiente para hacer que Grey fuese favorecido con la posición del papa. El papa recomendó una nueva elección y recomendó a su elegido, Esteban Langton, un inglés a quien el papa había llamado a Roma, desde la rectoría de la Universidad de París. Le había hecho cardenal.

Este personaje fue electo por los monjes y el papa le consagró como Arzobispo en Viterbo, el 17 de junio de 1207. Inocencio informó al Rey Juan de la elección de Langton y le pidió que lo aceptara como el nuevo arzobispo. El rey, sin embargo, había puesto su confianza en Juan de Grey, y rechazó permitir que Langton llegara a Inglaterra en la calidad de Arzobispo de Canterbury.

No se limitó sólo a eso. Tomó mayor venganza contra los monjes de la Iglesia de Cristo al hacerles expulsar de sus monasterios y tomar posesión de sus propiedades. Inocencio puso entonces a todo el reino bajo el estado de interdicción lo que fue proclamado el 24 de marzo de 1208. Cuando esto resultó no productivo y el rey continuó con actos de crueldad contra el clero, el papa lo declaró excomulgado en 1209, y formalmente le depuso en 1212.

El papa nombró al Rey Felipe de Francia con el encargo de ejecutar la sentencia. Cuando Felipe amenazó con invadir Inglaterra y los señores feudales presionaron al Rey Juan para que cediera, este lo hizo ante Pandulph, a quien Inocencio había enviado como delegado a Inglaterra. El monarca prometió reconocer a Lnagton como Arzobispo de Canterbury, a la vez que permitir que retornaran a Inglaterra los sacerdotes y obispos, todo ello como cierta compensación por los actos cometidos.

Fue aún más lejos y el 13 de mayo de 1213, probablemente producto de su iniciativa, rindió el reino inglés a Pandulph, y con ello a las manos del papa, a cambio de que se le retornaran los privilegios. El documento establece que los reyes de Inglaterra estarían en vasallaje con el papa y pagarían la suma anual de 1,000 marcos a la Sede de Roma. El 20 de julio de 1213, el rey fue solemnemente liberado de la prohibición en Winchester y luego los clérigos habían sido recompensado por las pérdidas ocasionadas por la interdicción, la que fue levantada de Inglaterra el 29 de junio de 1214.

Fue evidente que muchos de los barones no estaban satisfechos con la rendición de Inglaterra a manos del papa. También resentían que el rey se sobrepasara en el uso de las libertades que les eran propias, de los actos de injusticia en el gobierno para el pueblo. Finalmente recurrieron a la violencia, y le obligaron a atender las demandas, poniendo tal sello en la Charta Magna. Inocencio, entre tanto, no podía estar al margen de que se tuvieran tales obligaciones sin su consentimiento.

Su delegado Pandulph había repetidamente alabado al Rey Juan como un monarca sabio y leal a la Santa Sede. El papa, por tanto, declaro que lo agregado a la Charta Magna era nulo y debía evitarse, no porque daba libertas a los barones, sino porque había sido un logro obtenido mediante la violencia.

No existió virtualmente ningún pueblo en Europa en el cual Inocencio III no hiciera sentir de alguna manera su influencia, la supremacía del papado. Excomulgo a Alfonso IX de León, porque se había casado con una familiar cercana, Berengaria, una hija de Alfonso VIII, lo que era contrario a las leyes de la Iglesia, y afectó tal separación en 1204. Por razones similares anuló, en 1208, el matrimonio del príncipe Alfonso de Portugal, con Urraca, hija de Alfonso de Castilla.

De Pedro II de Aragón, recibió ese reino en vasallaje y le coronó rey en Roma en 1204. El preparó una cruzada contra los moros y vivió para ver el poder de estos últimos, quebrarse en España, en la batalla de Navas y Tolosa, en 1212. Protegió al pueblo de Noruega contra la tiranía del Rey Sverri, y luego de la muerte de este monarca fue árbitro entre quienes reclamaban el trono noruego.

Inocencio también medio entre el Rey Emeric de Hungría y el rebelde de su hermano Andrés; envió la corona real al Rey Johannitius de Bulgaria y envió a su delegado a la coronación en Tirnovo, en 1204. El papa también restableció la disciplina en Polonia; promovió un arbitraje entre los dos reclamantes de la corona en Suecia; hizo esfuerzos por la unificación pacífica de Grecia con la Iglesia Latina y extendió su benéfica influencia a todo el mundo cristiano, según fuentes oficiales. Como muchos papas que le precedieron, Inocencio tuvo en el corazón la recuperación de la Tierra Santa y fue por ello que emprendió la Cuarta Cruzada.

Los venecianos se habían comprometido a transportar al ejército cristiano y a proveerles con abastecimiento por nueve meses, todo ello por 85,000 marcos. Cuando los cruzados no fueron ya capaces de pagar tal suma, los venecianos propusieron compartir los gastos a condición de que los cruzados les permitieran que ellos fueras los primeros en tomar ventaja, sobre la conquista de la ciudad de Zara.

Los cruzados estuvieron de acuerdo con esas demandas y zarparon del Adriático el 8 de octubre de 1202. Zara había sido escasamente reducida cuando Alexius Comnenus arribó al campo de los cruzados y les pidió su ayuda para reemplazar a su padre Isaac Angelus en el trono de Constantinopla, del cual había sido depuesto por su cruel hermano Alexius. En recompensa por ello, se prometía una reunificación entre las Iglesias Griega y Latina, además de agregar 10,000 soldados a los cruzados, y contribuir con dinero y provisiones para la causa de recuperación de Tierra Santa.

Los venecianos vieron que podían tomar ventaja de la toma de Constantinopla e indujeron a los cruzados a atender los pedidos de Alexius. Constantinopla fue tomada por ellos en 1204. Isaac Angelus fue de nuevo monarca, pero luego fue reemplazado por un usurpador. Los cruzados tomaron de nuevo la ciudad por segunda vez el 12 de abril de 1204, y luego de un horrible y sangriento pillaje, Baldwin, Conde de Flanders, fue proclamado como emperador, y la Iglesia Griega fue unificada con la latina.

Esta unificación, lo mismo que el imperio latino de oriente, no duró más allá de dos generaciones. Cuando el Papa Inocencio supo que los venecianos habían desviado a los cruzados en su propósito de conquista Tierra Santa, expresó su insatisfacción, primero con la conquista de Zara, y cuando marcharon contra Constantinopla, solemnemente proclamó la excomunión de los venecianos, que habían tergiversado la cruzada de su propósito original. No pudo impedir los logros que se habían tenido, en vista de lo cual hizo todo lo que estuvo a su alcance para destruir el esquema de los griegos en la latinización del Imperio Oriental. 

Inocencio también aparece como un celoso protector de las normas de la fe, frente a la herejía. Su mayor actividad fue contra los albigenses, quienes había llegado a ser muy numerosos y agresivos de quienes se dice oficialmente que trataban de extender sus creencias aún recurriendo a la fuerza.

Eran especialmente numerosos en unas pequeñas ciudades del norte y del sur de Francia. Durante el primer año de su pontificado, Inocencio envió a dos monjes cistercenses, Rainer y Guido para visitar a los albigenses en Francia, a fin de predicarles lo que oficialmente se aceptaba como la verdadera fe y discutir con ellos, convenciéndolos, sobre tópicos de religión.

A estos dos monjes cistercenses les siguieron casi inmediatamente Diego, Obispo de Osma, y Santo Domingo, además de dos delegados del papa, Pedro de Castelnau y Raoul. Sin embargo, cuando estos misioneros se dice que fueron ridiculizados por los albigenses, y el delegado del papa Castelnau fue asesinado en 1208, Inocencio recurrió a la fuerza.

Ordeno para ello que los obispos del sur de Francia pusieran en condición de interdicción a los participantes en el asesinato, así como en tal condición también a los poblados que les daban albergue. Fue especialmente vehemente contra el Conde Raymundo de Toulouse, a quien previamente ya había excomulgado por la muerte de un delegado. El papa sospechaba que el conde había sido el instigador de tal asesinato.

El conde protestó y se sometió a la voluntad del papa, probablemente se reporta de manera oficial en el vaticano, a causa de cobardía, pero el papa ya no confió en él. Llamó entonces el noble a que Francia se levantara en armas por la supresión de los albigenses. Bajo el liderazgo cruel y sanguinario de Simon de Montefort, a pesar de las protestas del papa, pronto la situación se tornó en una guerra de conquista (véase ALBIGENSES).

El punto culminante del reinado de Inocencio fue la convocatoria al Cuarto Concilio Laterano, el que solemnemente inauguró el 15 de noviembre de 1215. Fue significativamente el concilio más importante de la Edad Media. Además de decidir sobre una cruzada hacia la Tierra Santa, sancionó setenta decretos de reforma, el primero de los cuales (Firmiter credimus) era dedicado contra los albigenses y valdenses; allí el término “transubstanciación” recibió su primera sanción eclesiástica.

Las labores de Inocencio en el gobierno interno de la Iglesia aparecen subordinadas al carácter trascendente que le dio a sus alcances político-eclesiásticos. Esto llevó al papado al cenit de su poder. Aún son valiosos en la memoria y comparten la gloria vaticana.

Durante su pontificado se crearon dos grandes ordenes, la de Santo Domingo y la de San Francisco. Su destino fue reformar el esquema del mundo. Inocencio no estaba ciego ante los vicios de lujuria e indolencia con los que se había infectado mucho del clero y parte de los laicos. En los dominicos y los franciscanos el papa reconoció dos poderosos adversarios de esos vicios y sancionó autorizando sus proyectos, con palabras de estímulo.

Las ordenes menores que aprobó Inocencio fueron las de los Hospitalarios del Santo Espíritu el 23 de abril de 1198, los Trinitarios el 17 de diciembre de 1198, y la de los Humiliati, en junio de 1201. En 1209 comisionó al monje cisterciano Christian, quien luego sería obispo, con la conversión de los prusianos. En Roma construyó el famoso hospital del Santo Espíritu en Sassia, el que llegó a ser un modelo para los hospitales de otras ciudades, y que como tal existe todavía (véase Walsh, “The Popes and Science”, New York, 1908, p. 249-258; y el artículo HOSPITALES).

Los siguientes santos fueron canonizados por Inocencio: Homobonus, un mercader de Cremona, el 12 de enero de 1199; la Emperatriz Cunegond, el 3 de marzo de 1200; William, Duque de Aquitaine, en 1202; Wulstan, Obispo de York, el 14 de marzo de 1203; Procopius, Abad de Pragua, el 2 de junio de 1204; y Guibert, el fundador del monasterio de Gembloux, en 1211.

Inocencio murió en Perugia, mientras viajaba a través de Italia en pro de los intereses de la cruzada que él había decidido en el Concilio Luterano. Fue sepultado en la catedral de Perugia, en donde permaneció su cuerpo hasta que León XIII, un gran admirador de Inocencio, lo transfirió a Luterano en Diciembre de 1891. Inocencio es también el autor de varios trabajos literarios, reimpresos en P. L., CCXIV-CCXVIII, otro también pueden ser evidentes en forma de numerosas y extensas epístolas y decretos, además del históricamente importante "Registrum Innocentii III super negotio imperii".

Su primer trabajo "De contemptu mundi, sive de miseria conditionis humanæ libri III" (P. L., CCXVII, 701-746) fue escrito cuando vivía en retiro, durante el pontificado de Celestino III. Se trata de un trabajo sobre ascetismo y da evidencia de la profunda piedad de Inocencio, y del conocimiento que tenía del hombre. Al respecto, véase Reinlein "Papst Innocenz der dritte und seine Schrift 'De contemptu mundi" (Erlangen, 1871). Su tratado "De sacro altaris mysterio libri VI" (P. L., CCXVII, 773-916) tiene un gran valor litúrgico, porque principalmente presenta la Misa Romana tal y como fue en los tiempos de Inocencio.

Véase Franz, "Die Messe im deutschen Mittelalter" (Freiburg, 1902), 453-457. Este trabajo fue impreso varias veces, y traducido al alemán por Hurter (Schaffhausen, 1845). También escribió "De quadripartita specie nuptiarum" (P. L., CCXVII, 923-968), una exposición del matrimonio en cuatro dimensiones, específicamente:

Entre hombre y mujer,

Entre Cristo y la Iglesia,

Entre Dios y el alma justa,

Entre el Verbo y la naturaleza humana

Todo ello basado en los pasajes de la Santa Escritura

"Commentarius in septem psalmos pœnitentiales" (P. L., CCXVII, 967-1130) tiene una autoría dudosa. Entre sus setenta y nueve sermones (ibidem, 314-691) es famoso el que se refiere al texto "Desiderio desideravi" (Luke, xxii, 15), el cual fue dado a conocer en el Cuarto Concilio Laterano. Gesta Innocentii, escrito por un desconocido y con anotaciones de BALUZE (París, 1686). La Gesta, editado por MURATORI en Rerum ltalicarum Scriptores ab anna 500 ad 1500, III (Milan, 1723-51), i, 480 sq., y reimpreso en P. L., CCXIV, cviii-ccxxxviii. Concerniente al valor histórico, véase ELKAN, Die "Gesta Innocentii III." im Verhältniss zu den Regesten desselben Papstes (Heidelberg, 1876). También: HURTER, Geschichte des Papstes Innocenz III. und seiner Zeitgenossen (4 vols., Hainburg, 1841-4); los seis estudios de LUCHAIRE, todos publicados en París: Innocent III, Rome et l'Italie (1904); Innocent III, la croisade des Albigeois (1905); Innocent III, to papauté et l'empire (1906); Innocent III, la question d'Orient (1907): Innocent III, les royautés vassales du Saint-Siège (1908); Innocent III, le concile de Latran et la réforme de l'église (1908); BARRY, The Papal Monarchy (New York, 1903), 282-332; JORRY, Histoire du Pape Innocent III (Paris, 1853); DELISLE, Mémoire sur les actes d'Innocent III, suivi de l'itinéraire de ce pontife (Paris, 1857); DEUTSCH, Papst Innocenz III. und sein Einfluss auf die Kirche (Breslau, 1876); GASPARLIN, Innocent III, le siège apostolique, Constantin (Paris, 1875); SCHWEMER, Innocenz III. und die deutsche Kirche während des Thronstreites von 1198-1208 (Strasburg, 1882); LINDEMANN, Kritische Darstellung der Verhandlungen Innocenz III. mit den deutschen Gegenkönigen (Magdeburg, 1885); ENGELMANN, Philipp von Schwaben und Innocenz III. während des deutschen Thronstreites (Berlin, 1896); WINKELMANN, Philipp von Schwaben und Otto IV. (2 vols., Leipzig, 1873-8); MOLITOR, Die Decretale "Per venerabilem" von Innocenz III. und ihre Stellung im öffentlichen Rechte der Kirche (Münster, 1876) ; GÜTSCHOW, Innocenz III. und England (Munich, 1904); NORGATE, John Lackland (New York, 1902); GASQUET, Henry the Third and the Church (London, 1905), 1-26; LINGARD, History of England, II (Edinburgh, 1902), 312-376; PIRIE-GORDON, Innocent the Great (London, 1907), somewhat fantastic; NORDEN, Papsttum und Byzanz (Berlin, 1903), 133-238; HILL, A History of European Diplomacy, I (New York, 1905), 313-331; MULLANY, Innocent III in American Catholic Quarterly Review, XXXII (Philadelphia, 1907), 25-48; FEIERFEIL, Innocenz III. und seine Beziehungen zu Böhmen (Teplitz, 1905) ; BÖHMER, Regesta imperii, V.; Die Regesten des Kaiserreiches unter Philipp, Otto IV., Friedrich II., Heinrich (VII.), Konrad IV., Heinrich Raspe, Wilhelm und Richard, 1198-1272, de Nuevo editado por FICKER y WINKELMANN (Innsbruck, 1881-1901).

 

MICHAEL OTT

Transcripción de Douglas J. Potter

Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes

Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María

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