" “Yo camino con la Inmaculada. ¿Qué diría la gente si supiese que viajo con un solo pulmón? Pero la Inmaculada está siempre conmigo. Ella me acompaña a cualquier parte donde vaya”." ( San Maximiliano Maria Kolbe )

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San Clemente de Alejadría

(Mediados del Siglo II)

 

 De nombre Tito Flavio Clemente nació aproximadamente en año 150, de padres paganos. Una vez cristiano, viajó extensamente por el sur de Italia, Siria y Palestina. Murió poco antes del 215. Es un pionero de la ciencia eclesiástica. Tenía un conocimiento completo de la literatura cristiana primitiva, tanto de la Biblia como de todas las obras post-apostólicas y heréticas. Cita 1.500 veces el Antiguo Testamento y 2.000 el Nuevo. También conoce bastante bien a los clásicos, a los que cita no menos de 360 veces.

Tito Flavio Clemente nació a mediados del siglo II en Atenas. De padres gentiles, recibió una esmerada educación pagana. Fue bautizado en Alejandría y entró en la célebre escuela catequética dirigida por Panteno. A la muerte de éste, asumió la dirección, cargo que ocupó hasta la persecución de Septimio Severo, ocurrida en el año 202. Murió en torno al año 216, pasando a la posteridad como uno de los hombres más eruditos de los tres primeros siglos de la era cristiana.

Entre las herejías contemporáneas a Clemente, que más seriamente amenazaban a la Iglesia, sobresalió el montañismo. Esta doctrina era la expresión máxima de una tendencia rigorista, muy difundida en aquella época, que negaba la posibilidad de perdonar algunos pecados especialmente graves, y como consecuencia, ponía límites a la Misericordia divina.

En este contexto, puede entenderse mejor el fragmento que se recoge a continuación. Está contenido en el opúsculo ¿Quién es el rico que se salva?, una homilía que comenta el pasaje del joven rico del Evangelio de San Marcos. Clemente pone en guardia contra el peligro del excesivo apego a las riquezas, subrayando que sólo el pecado puede excluirnos del Cielo. La última parte de la homilía parece cambiar bruscamente de tema: relata una conmovedora historia que tiene como protagonista a San Juan Evangelista. Se trata de un episodio que probablemente corría de boca en boca entre los cristianos, y que fue recogido también por Eusebia de Cesárea, historiador de la Iglesia primitiva.

Es una historia en la que el Apóstol Juan encarna la figura del Buen Pastor, que va en busca de la oveja perdida, y la atrae de nuevo al redil, encendiendo en el corazón del pecador la esperanza del perdón. El Apóstol demuestra con obras y de verdad ese amor fraterno, lleno de fortaleza, que predicó incansablemente. Clemente deja así en el ánimo del lector una importante enseñanza, refrendada por la autoridad del Apóstol: la seguridad de que Dios perdona siempre, hasta las culpas más graves, cuando hay arrepentimiento. Y por otro lado, muestra cuál es la misión de quien ha sido constituido en la Iglesia como pastor para sus hermanos: sanar y atraer al pecador con la misericordia, si es necesario yendo a buscarlo —como enseñó nuestro Padre— hasta las mismas puertas del infierno; practicar una caridad vigilante con todos; estar dispuesto a dar la vida por los demás, para lograr su perseverancia.

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